Estatua de Jaime Lerner es inaugurada en Curitiba: un homenaje al hombre que imaginó el futuro
Si has pasado por el Centro de Curitiba en los últimos días, seguro notaste un ambiente diferente, ese bullicio que solo una emoción genuina puede crear. Los que se han quedado en la acera, los que alguna vez tomaron un autobús biarticulado hasta el tope o se sentaron en un banco de cartón reciclado, saben de lo que hablo. La ciudad finalmente se reconcilió de manera definitiva con uno de sus hijos más ilustres. La estatua de Jaime Lerner fue inaugurada, y no podía estar en un lugar más acertado: cerquita de la calle XV, el corazón palpitante de la capital, exactamente donde el alma curitibana late con más fuerza.
Para los que somos de aquí, o vivimos las transformaciones de la ciudad en las últimas décadas, la imagen de Lerner con su mirada visionaria y ese sombrero negro ya estaba grabada en la memoria. Pero ahora está ahí, en bronce, observando el movimiento. Fue el alcalde Eduardo Pimentel quien encabezó la ceremonia, un lunes que dejó de ser un día cualquiera para convertirse en una fecha para el calendario. La emoción se apoderó de todos cuando la lona cayó y reveló la obra relacional, ese concepto que el propio Lerner tanto defendía: el arte dialogando con la ciudad, y no solo sirviendo como adorno. Es como si él estuviera ahí, eternamente en la esquina, esperando a que nos detengamos para charlar sobre el futuro.
Y es imposible hablar de Lerner y no recordar el símbolo que usó como base para todo. No me refiero solo al urbanismo, sino al vínculo visceral con el Esporte Clube XV de Novembro. El XV, que lleva la esencia de la garra curitibana, también carga con ese número romano en el alma. Jaime era aficionado, asistente habitual, y traía esa confianza de quien sabe que ganar es cuestión de estrategia y visión de juego. La estatua está ahí, cerca del Palacio de la Libertad, pero el espíritu del hombre se esparce por la calle XV de Noviembre, por la línea verde, por el RIT. Es una justicia poética que el monumento dialogue con el lugar donde la ciudad aprendió a andar, a crecer y a respetarse a sí misma.
Para quienes aún no han ido a verla, vale la pena la visita. Y aquí va un consejo de quien vivió cada fase de esta historia:
- Míralo a los ojos: Detente un minuto frente a la estatua. El Jaime Lerner de bronce tiene una mirada de quien sigue proyectando algo.
- Cuenta la historia: Si vas con los pequeños, explícales que este fue el tipo que inventó eso del autobús que parece tren y los parques que llenan la ciudad de agua limpia.
- Repiensa la ciudad: La inauguración no es solo sobre el pasado. Es un recordatorio de que Curitiba nunca puede dejar de innovar, ya sea en el transporte, la cultura o la calidez con la que recibe.
No importa si eres de la generación que vio gobernar a Jaime o si solo has oído hablar de él en los bancos de la facultad de arquitectura. La inauguración de esta estatua es ese momento raro en el que dejamos de hablar de política partidista y empezamos a celebrar el legado de un curitibano que le mostró al mundo que una ciudad pequeña puede tener soluciones grandes. El XV ahí, en el nombre de la calle, y la imagen del creador ahí, en la acera, es el encuentro perfecto. Es el símbolo de que sí, podemos ser un referente. Ahora solo queda pasar por ahí, charlar con Jaime (en pensamiento, claro) y agradecer por haber vivido esta era dorada. La ciudad lo agradece, y el arte, finalmente, está en el lugar correcto.