Sebastian Báez se queda corto en Bucarest: ¿Qué sigue para el Bulldog Argentino?
Si has seguido la montaña rusa de Sebastian Báez esta temporada de tierra batida, ya sabes de qué va la cosa. El pequeño guerrero argentino lo da todo: deslizamientos, gritos, dejadas que besan la línea. Pero a veces, ni eso es suficiente. Esa dura verdad le cayó encima en el Tiriac Open de Bucarest ante el francés Titouan Droguet. Y creedme, como alguien que ha visto a Báez sangrar sobre la tierra roja desde Buenos Aires hasta Barcelona, esta derrota dolió un poco más de lo normal.
Retrocedamos a ese partido. Todo el mundo esperaba que el número 30 del mundo (ya sabéis, los ránkings son una sugerencia en tierra batida) pasara por encima. ¿Droguet? Con talento, sí. ¿Pero una amenaza consistente en el circuito? Todavía no. Pero esa es la belleza y la brutalidad de este deporte. Sebastián Báez (sí, la tilde importa cuando gritas frente a la pantalla) salió a disparar, pero Droguet absorbió el ritmo como una esponja. Cada vez que Báez intentaba gatillar, el francés tenía respuesta. Vi las cuotas antes del partido: las casas daban a Báez como claro favorito. Pero en cuanto Droguet empezó a pintar esas líneas de revés, supe que nos esperaba una noche larga.
¿Qué pasó realmente? ¿Por qué el "Bulldog Argentino" perdió su mordida? Os lo cuento como lo veo desde la silla de prensa:
- El servicio sigue siendo un lastre: Lo adoro, pero su porcentaje de primeros servicios bajó en los peores momentos. En tierra batida puedes esconder un saque débil. ¿Frente a un Droguet encendido? Le estás regalando entradas gratis para que juegue al ataque con cada segundo servicio.
- El plan B tardó demasiado en llegar: A Báez le gustan sus esquemas. Derecha potente, rodear el revés, y otra vez. Droguet lo leyó en el segundo set y empezó a cortar abierto hacia el lado de la derecha de Báez, sacándole de la pista. El ajuste llegó unos tres juegos tarde.
- Fatiga mental: Este era su tercer torneo en cuatro semanas. El bulldog parecía... cansado. No físicamente, sino falto de frescura mental. Un par de dejadas precipitadas y una doble falta en punto de quiebre lo dijeron todo.
He visto a algunos fans escribir por error Nicolás Báez al buscarlo – pasa todo el tiempo, sobre todo con el toque sudamericano en los nombres. Pero no os quepa duda: el hombre al que vemos es puro Sebastian Báez. Y a pesar de esta derrota ante Droguet (que, por cierto, fue una lección táctica del francés), la temporada está lejos de terminar.
Mirad el calendario. La gran gira europea de tierra batida apenas se está calentando. Roma, Lyon y luego la gran cita en Roland Garros. Aquí es donde Sebastian Báez pasa de ser un currante del circuito a una amenaza real. ¿La derrota en Bucarest? Llamadlo un badén. Droguet jugó a un nivel superlativamente ese día – vi la repetición de esos intercambios, y algunas de esas recuperaciones fueron sencillamente de clase mundial. Te quitas el sombrero y sigues adelante.
Lo que quiero ver ahora es esa garra. El Báez que remontó un set en contra contra un top 10 el año pasado. El que se desliza como si llevara esquís y celebra cada punto como si fuera punto de partido. Si ajusta la colocación del servicio y añade un poco más de variedad al resto, será un dolor de cabeza para cualquier cabeza de serie en París. Así que no escribáis aún la necrológica, amigos. El Bulldog solo echó una siesta. Pronto volverá a morder tobillos.