Milán-Sanremo 2026: La Clásica de las Clásicas a la sombra de la expectación olímpica
Hay pocos días al año en los que, como aficionado al ciclismo, sientes ese cosquilleo en el estómago nada más despertarte. El primer lunes de la temporada, el primer monumento. Milán-Sanremo 2026 está a la vuelta de la esquina, y para ser sincero, tengo la sensación de que el aire huele un poco diferente esta mañana. Más a salitre. Quizá sean las ganas de llegar a la costa de Liguria, o tal vez sea ese ambiente tan especial que desprende esta clásica de primavera en un año olímpico.
Quien tome la salida este sábado en Milán no solo corre para ganar una de las carreras de un día más prestigiosas del mundo. No, prácticamente pedalea a través del salón oficial de los Juegos Olímpicos de Invierno Milán Cortina 2026. La ciudad ya está inmersa en la fiebre olímpica, los aros cuelgan de las fachadas y el ambiente es eléctrico. Pero los 300 kilómetros hasta Sanremo no se dejan impresionar por eso. La carretera acaba tarde o temprano castigando cualquier atisbo de soberbia, y de eso se trata esta prueba, ¿verdad?
El recorrido: Más que solo el Poggio
Podríamos pasarnos horas hablando del Poggio, esa última y decisiva cuesta que separa a los sprinters de la clásica de los puros especialistas en arrancadas. Pero si solo miras al Poggio, no has entendido la carrera. Están las largas e interminables horas previas, el viento de cara, el desgaste de los corredores, el molino psicológico que supone la Carrera masculina Milán-San Remo 2026. Hace años le pregunté a un director deportivo qué era lo más duro de la Sanremo. ¿Su respuesta? "La espera".
Los primeros 200 kilómetros son un viaje, no un esprint. Se trata de ahorrar energía, comer y beber en el momento justo, y sobrevivir al famoso viento de frente en los "Capi" entre Voltri y Arenzano. Este año se rumorea entre bastidores que la entrada a Sanremo se ha pulido un poco –probablemente pensando en las imágenes de televisión durante los Juegos–. Pero eso no cambia la verdad: la carrera se decide en los últimos tres kilómetros, aunque la selección a menudo ya se haya producido en el Cipressa.
Los favoritos: ¿Quién tiene piernas para el largo camino?
La lista de favoritos para la Milán-Sanremo Donne 2026 y la de los hombres parece una lista de los mejores del ciclismo internacional. En la categoría masculina, la pauta es clara: necesitas una arrancada explosiva para el Poggio, pero también la voluntad de dar el último latigazo después de seis horas y media en el sillín.
- Mathieu van der Poel: El máximo aspirante al título. Si controla el Poggio con su equipo Alpecin y luego ataca, será brutal. Su curva de forma es la adecuada y la experiencia juega a su favor.
- Tadej Pogačar: El todoterreno. Puede ganar aquí, pero quizá es la carrera que menos se le adapta. Demasiado larga, demasiado táctica. Pero subestimar a Pogačar es un error garrafal. Si lanza el ataque decisivo en el Poggio, para muchos se habrá acabado.
- Los sprinters: Nombres como Mads Pedersen o Jasper Philipsen esperan un esprint al sprint. Para ellos, el grupo debe llegar junto al Poggio, algo que este año parece improbable debido a la gran cantidad de especialistas en clásicas, pero no imposible.
El potencial sorpresa
Mi mirada, sin embargo, suele ir hacia los corredores que no están en el foco absoluto de atención. En los últimos años hemos aprendido que Sanremo también es un escenario para los de "segunda fila" si los grandes se miran demasiado los unos a los otros. ¿Un escapado de un equipo italiano fuerte? Los corredores de casa se dejarán la piel en esta temporada olímpica. Apuesto por una gran actuación de un tapado que aproveche el momento si los favoritos se preocupan demasiado por las posiciones en el último kilómetro.
También es importante echar un ojo al tiempo. No te preocupes, no voy a hacer de meteorólogo, pero en la región de Liguria el tiempo puede cambiar en cuestión de una hora. ¿Lluvia en los Capi? Entonces la carrera se convierte en una lotería, un resbaladero donde la experiencia y la asunción de riesgos cuentan. Eso es lo que me encanta de esta carrera: es tan impredecible como la vida misma.
Al final, lo único que importa es el momento en que el pelotón llega a la Via Roma en Sanremo. Los brazos se levantan al cielo, el clamor de los italianos eclipsará por un momento incluso las expectativas olímpicas. Milán-Sanremo 2026 es más que una simple carrera ciclista: es el arranque emocional de un año deportivo que le pertenece a esta ciudad. Yo estaré sentado frente a la pantalla con un espresso en la mano, disfrutando de cada ataque. ¿Haréis vosotros lo mismo?