Eutanasia en Finlandia: Luz difícil, eutanasia pasiva y la realidad de poner fin a la vida
Cuando se habla de eutanasia, muchos imaginan países lejanos, clínicas en Suiza o asociaciones oscuras como el Club eutanasia. Pero la verdad es que este debate se está dando ahora mismo aquí, en Finlandia, y nos afecta a todos mucho más de cerca de lo que creemos. A menudo me siento a tomar un café con amigos y, cada vez que surge el tema de la eutanasia pasiva o de dejar ir a un ser querido, me doy cuenta de lo pesado que es el asunto. No es una reflexión teórica; es ese momento en el que tienes que mirar a los ojos a un familiar enfermo y saber que el dolor es demasiado grande.
El caso de una mujer de 25 años se me ha quedado grabado. Decidió solicitar la eutanasia, y detrás no solo había una enfermedad física, sino años de problemas de salud mental que hacían su vida insoportable. Esto rompió la idea tradicional de quién puede elegir poner fin a su vida –es decir, terminar con su propia existencia– como una salida. No se trataba de una persona mayor cansada de vivir, sino de una joven que había luchado años atrapada en un túnel de Luz difícil del que no lograba encontrar la salida.
Ahora mismo, la situación es confusa en muchos sentidos. En Finlandia, la eutanasia activa sigue siendo ilegal, pero la eutanasia pasiva –es decir, retirar el tratamiento cuando ya no es efectivo– es algo cotidiano en todas las unidades de cuidados paliativos. No se trata de un problema moral, sino de humanidad. Ningún médico quiere mantener con vida a un paciente conectado a máquinas si lo único que consigue es alargar su sufrimiento.
He seguido este debate durante mucho tiempo y creo que hay tres aspectos clave que todos deberían entender:
- La decisión propia frente a la voluntad de la sociedad: ¿Quién tiene realmente la potestad de decidir? ¿La ley o quien yace en una cama de hospital?
- La salud mental como parte del conjunto: El caso de esa joven de 25 años demostró que la salud mental es tanto la base de la calidad de vida como la salud física. Si la mente está rota, ¿está entonces justificada la eutanasia?
- El silencio cultural: Los finlandeses no hablamos de la muerte. Decimos "se durmió", evitamos la palabra poner fin, aunque para muchos sea exactamente la cuestión concreta que tienen que considerar.
Si comparamos la situación con la de Países Bajos o Bélgica, vemos que allí el debate es mucho más abierto. Llevan años hablando de cómo la eutanasia puede ser una solución también en casos de depresión grave o demencia. Aquí, en cambio, el debate parece quedar a menudo relegado por ser "políticamente difícil" o "demasiado delicado". Da la sensación de que todos tenemos a alguien en el armario que ha sufrido en silencio porque no nos atrevemos a preguntar: "¿Qué te gustaría hacer si ya no puedes más?".
Aunque la ley no vaya a cambiar de inmediato, las actitudes sí se están moviendo. La gente ya no acepta que la eutanasia pasiva esté bien mientras que la ayuda activa sea un delito. Nadie quiere que un ser querido tenga que viajar al extranjero o hablar a escondidas con organizaciones como el Club eutanasia porque en su propio país no hay alternativas. Al final, se trata de qué tipo de final queremos ofrecer a los nuestros.
En este contexto, es bueno recordar que aunque el término Luz difícil suene poético, para muchas familias es una realidad. Es ese tiempo en el que, día tras día, la luz parece no llegar a salir nunca. Si el debate sobre la legalización de la eutanasia sirve para algo, es al menos para obligarnos a abrir esas cortinas y hablar de lo que realmente valoramos.