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Viktor Orbán se fue: pero para la comunidad LGBTQ+ de Hungría, la batalla solo está a medias

Noticias internacionales ✍️ Lars Hvidtfeldt 🕒 2026-03-25 07:09 🔥 Vistas: 1
Salida de Viktor Orbán Hungría

Durante años, la Hungría de Viktor Orbán fue sinónimo de una política de derecha dura que empujó sistemáticamente a la comunidad LGBTQ+ del país a las sombras. Con el cambio de poder en Budapest, muchos respiraron aliviados. Por fin, una luz al final del túnel. Pero tras hablar con la gente en las calles de esta ciudad, queda claro que el optimismo se enfrenta a una buena dosis de realismo. Para quienes han estado contra las cuerdas durante una década, la salida de Viktor Orbán es solo el primer tiempo.

¿Una nueva era? La alegría se palpa en el ambiente

No hay duda de que el ambiente ha cambiado. Llevo dos décadas cubriendo Europa del Este y pocas veces he visto una mezcla tan palpable de alivio y nerviosismo. Para las personas queer jóvenes con las que hablé a principios de semana, ya no se trata de sobrevivir en la clandestinidad, sino de atreverse a exigir un lugar en la sociedad. El nuevo gobierno ha adoptado un lenguaje más inclusivo, y eso ha dado un empujón a su valor.

Pero como me dijo un activista: "Que Orbán se haya ido es como quitarnos un peso de encima. Puedes respirar, pero sigues atado". Dio en el clavo. La ley que prohíbe la 'publicidad de la homosexualidad' dirigida a menores sigue vigente. El Tribunal Constitucional, que Orbán llenó con gente de su confianza, sigue ahí. La maquinaria está construida para seguir funcionando.

  • Las victorias simbólicas: Las marchas del orgullo ahora se pueden realizar sin temor a ser reprimidas por la policía, algo impensable hace apenas un año.
  • Las estructuras enquistadas: La vieja guardia sigue teniendo un gran peso en los medios de comunicación y en las administraciones locales, donde a menudo comienza la discriminación.
  • Dependencia económica: Muchos en el sector cultural siguen dependiendo de las subvenciones estatales, y el miedo a perder su sustento es real.

Dos historias: desde el autobús de hockey hasta Budapest

Mientras el mundo tiene la mirada puesta en el gran giro político en Hungría, otro drama muy distinto nos recuerda que la fragilidad de la vida suele eclipsar a la política. Hace un par de semanas, estuve pegado a la pantalla, como todos, cuando llegó la noticia del choque del autobús de hockey en Canadá. Una tragedia que detuvo a una nación entera en medio de su mayor pasión. Es un recordatorio de que, incluso en las sociedades más privilegiadas, la vida es corta.

Para los húngaros queer a quienes seguí hoy, no se trata de vida o muerte sobre el hielo, sino de un ahogo lento que finalmente está comenzando a cesar. El dolor colectivo por el accidente de hockey en Canadá unió a un país en un solo sentimiento. Ese es exactamente el tipo de unión que la comunidad LGBTQ+ en Hungría ha anhelado: ser vista como una parte natural de la sociedad, no como una amenaza para ella.

Solo la mitad de la batalla

Es tentador llamarlo un nuevo amanecer para los derechos humanos en Hungría. Pero la verdadera lucha apenas comienza ahora. Ya no se trata solo de sacar a Viktor Orbán del cargo. Se trata de desmantelar un sistema que durante más de diez años ha marginado a una gran parte de la población. Los derechos humanos en Hungría, tan gravemente afectados, no solo deben restablecerse, sino reconstruirse desde cero.

Le pregunté a una mujer mayor, que ha sido activista desde los años 90, cuál es su mayor esperanza. Su respuesta fue simple: "Que mi hija pueda tomar de la mano a su pareja en público sin tener que mirar a su alrededor para ver quién los observa". Ya no es una cuestión de grandes ideologías. Es una cuestión de poder vivir la vida en libertad. Y aunque Orbán ya no esté en el cargo, el camino hacia eso sigue siendo largo. Se ganó una batalla, pero la guerra está lejos de terminar.