Lydia Ko dispara el mejor score de su carrera con 60 golpes y toma la delantera en el LPGA Ford Championship
Seamos sinceros, esto ya es cosa de todos los días. Cada vez que empezamos a pensar que Lydia Ko podría tomarse la semana con calma, sale y hace algo que nos hace sentir que deberíamos colgar los palos en la entrada. Pues bien, la leyenda neozelandesa lo ha vuelto a hacer. En medio del desierto de Arizona, en el Ford Championship, acaba de firmar una ridícula, absolutamente alucinante tarjeta de 60 golpes, 12 bajo par, para tomar la delantera.
He seguido la carrera de esta mujer desde que era una adolescente con coletas que aterrorizaba a las mejores del mundo. Y déjame decirte, verla en este estado de gracia es pura arte. No fue solo el marcador, sino la forma en que lo logró. El putter estaba encendido, el driver era un francotirador, y ese juego corto que todos conocemos y amamos fue quirúrgico. Salió a la cancha, la desmanteló y, básicamente, le dijo a todas las demás que si quieren ganar esto, van a tener que perseguir a un fantasma.
Más que una simple ronda de golf
Cuando se habla de una ronda como esta, la mente empieza a divagar hacia los libros de historia. Es la ronda con menos golpes de toda su carrera profesional. Piénsalo un segundo. Estamos hablando de una miembro del Salón de la Fama, una mujer con dos majors y una medalla de oro olímpica, que ha estado en la élite durante una década, y acaba de establecer su mejor marca personal. Está a solo un golpe del récord absoluto de la LPGA y, francamente, si un par de esos complicados putts de 15 pies hubieran caído unos centímetros más arriba, hoy estaríamos hablando de un 59.
Esto la coloca en una posición fascinante. Están las de siempre pisándole los talones, pero la confianza con la que llegará al fin de semana es invaluable. Es el tipo de ronda que le recuerda a todas, incluida ella misma, que sigue siendo la número uno cuando así lo decide.
Las otras Lydias en los titulares
Es curioso cómo funciona internet, ¿no? Hoy buscas el nombre Lydia Ko y los algoritmos están que arden. Pero me hizo pensar en las otras Lydias que aparecen en el imaginario cultural. Está Lydia Cornell, ese ícono de la televisión de los 80 que trajo su agudo ingenio a Too Close for Comfort. Un tipo de estrella completamente diferente, pero una maestra en su oficio.
Luego está Lydia Lunch, esa fuerza de la naturaleza de la escena No Wave. La energía cruda y la actitud sin disculpas que aportó a la música y al spoken word están a años luz de las cuidadosas calles de Arizona, pero ¿la intensidad? ¿La entrega al momento? Apostaría a que hay una similitud. Y para los amantes de la historia del arte, tenemos a Lydia Koidula, la poeta que prácticamente escribió la identidad nacional de Estonia. Es solo un recordatorio de que este nombre tiene peso en muchos campos diferentes.
Y para los aficionados al deporte que siguen la escena global, vi que Lydia Kozlova estaba causando sensación en algunos circuitos de desarrollo recientemente. Es un nombre que sigue apareciendo en el marcador.
¿Qué sigue para la reina neozelandesa?
Pero volvamos a nuestra protagonista. Estar en lo más alto del líderato después de un 60 es el inicio soñado, pero todos hemos estado en esto el tiempo suficiente para saber que un torneo de golf no se gana un jueves. La verdadera prueba llega cuando sopla el viento, las banderas se colocan en lugares complicados y la presión de mantener el liderato empieza a pesar.
Esto es lo que estaré observando en los próximos días:
- La resaca después del 60: Es algo real. ¿Podrá mantener la misma intensidad o habrá un bajón natural después de un subidón tan grande?
- Manejo del campo: Con la ventaja, ¿se pondrá agresiva para sepultar a la competencia o jugará al golf inteligente y de porcentajes que gana trofeos?
- El factor afición: Sabes que habrá un montón de neozelandeses en la grada, probablemente vestidos de negro y haciendo más ruido que los locales. Esa energía va a ser impresionante.
Lo he dicho antes y lo repetiré: ver a Lydia Ko cuando está en este estado es como ver una clase magistral. Ya sea que logre mantener el liderato y ganar o no, nos acaba de regalar un recuerdo que perdurará. Es el tipo de ronda que nos recuerda por qué amamos este deporte. Es impredecible, es brutal y, a veces, si eres una de las grandes, te regala un 60 que hace que el mundo entero se detenga a mirar.