Día de la Mujer en Viena: De musa a artista – El Puño Multicolor contra los viejos roles de género
Si este sábado paseas por el centro de Viena, hay algo que no podrás evitar notar: los Puños Multicolores que brillan en camisetas, carteles y pancartas. El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, toma la ciudad con fuerza. Pero esta vez, todo se siente un poco diferente. Las jóvenes que recorren las calles ya no llevan flores discretas en el ojal; visten camisetas con mensajes que calan hondo.
"No soy la musa, soy la artista", se lee en letras grandes sobre una camiseta negra de verano, combinada con una chamarra de mezclilla desgastada. Otra manifestante lleva una camiseta de caballero con una tipografía juguetona que dice: "NO SOY LA MUSA, SOY LA ARTISTA – 8M DÍA DE LA MUJER". Es como si la frase que ha rondado las redes sociales en los últimos años por fin hubiera tomado las calles. El mensaje es claro: ya no somos las musas silenciosas que inspiran a los artistas desde las sombras; ahora nosotras tomamos el pincel, el micrófono, el aerosol.
La calle como pasarela de la protesta
Lo que sucede en Viena es mucho más que una manifestación. Es una fusión entre moda, política y cultura cotidiana. Las camisetas del 8M se han convertido en carteles ambulantes. Demuestran que el feminismo no se queda en el aula o en el café de mujeres, sino que se vive en la calle: cómodo, versátil y cien por ciento a la moda, como reza en varias plataformas de venta. Junto al lema de la artista, aparece una y otra vez el Puño Multicolor, un emblema que se ha vuelto un símbolo de un movimiento combativo y solidario. Representa la diversidad, la rabia, pero también la unión. Un puño que no golpea, sino que conecta.
El ambiente es intenso, pero no agresivo. Un grupo de mujeres mayores con trenzas grises se mezcla entre las activistas jóvenes. Recuerdan que la lucha no es nueva. "Mi abuela ya salió a las calles en 1911 por el sufragio femenino", grita una de ellas entre la multitud. Y es cierto: el 8M hunde sus raíces en el movimiento obrero y las protestas pacifistas de principios del siglo XX. Hoy, con la guerra de vuelta en Europa, la fecha adquiere una urgencia aún mayor. Las mujeres organizan convoyes de ayuda, cosen chalecos antibalas, protestan contra el rearme. Las consignas se entrelazan: Paz y feminismo, dos caras de la misma moneda.
El significado de las consignas hoy
Si prestas atención a lo que gritan y lees en sus carteles, encuentras una mezcla vibrante de demandas nuevas y antiguas:
- "A igual trabajo, igual salario" – un clásico que no pierde vigencia.
- "Mi cuerpo es mío" – sigue siendo vital en tiempos donde los derechos reproductivos vuelven a estar bajo ataque.
- "Puño Multicolor contra el discurso de odio de la derecha" – un mensaje claro contra el creciente auge de la ultraderecha en Europa.
- "No soy la musa, soy la artista" – la consigna que resume a la nueva generación: autónoma, creativa, ruidosa.
En la camiseta de una joven que es llevada en hombros por su amiga sobre la multitud, luce un diseño clásico del "8M Día Internacional de la Mujer". A un lado, un pequeño puesto vende camisetas estampadas con la leyenda "No Soy La Musa Soy La Artista" – de verano, cuello redondo, 100% algodón, pero también 100% declaración de principios. La vendedora sonríe: "Están volando. La gente ya no solo quiere consumir, quiere mostrar de qué lado está".
Claro, algo de comercio hay. Eso es innegable. Pero cuando miles de personas por la tarde, en la Huelga de Mujeres, recorren la Mariahilfer Straße, cuando silban, tocan tambores y levantan los puños al aire, se siente: hay efervescencia. No es solo una bonita costumbre para regalar flores a las mujeres. Es un día donde el trabajo invisible se hace visible, donde la rabia por la injusticia tiene que salir, y donde la alegría de estar juntas se impone.
Al cierre del mitin en la Heldenplatz, resuena una vez más la vieja canción: "Bella Ciao". Pero con la letra adaptada. "Una mujer que es libre jamás se doblegará", retumba en la plaza. Y de alguna forma, encaja perfectamente con este 8 de marzo de 2024: la tradición vive, pero las voces son más seguras. La musa ha dejado el estudio y ahora está en medio de la vida, con pincel, paleta y un buen de coraje.