La sorprendente confesión de Ron Howard sobre su propio «defecto garrafal» – y por qué lo seguimos queriendo
Seamos sinceros – cuando oyes el nombre de Ron Howard, no piensas exactamente en un desenfreno temerario o un genio caótico. Piensas en una narrativa sólida y conmovedora. Del tipo de películas que hacen llorar a tu padre en el último carrete. ¿Pero el propio interesado? Acaba de admitir que hay un defecto garrafal que recorre toda su carrera. Y, francamente, es genial oírle decirlo.
En una rara charla sin reservas, el que fuera el pequeño Opie Cunningham, ahora director ganador del Óscar, confesó que su mayor debilidad quizá sea... esforzarse demasiado por hacerlo bien. Ni en broma. El hombre que nos dio Apolo 13, Una mente maravillosa y Frost/Nixon dice que a menudo ha tenido tanto miedo de hacer un desastre que se olvida de dejar que el desastre entre. «Siempre he querido tener el control», admitió. «Pero el control no siempre es lo que necesita una escena». Casi puedes oír a todos los cineastas indie de Malasaña asintiendo con fervor.
Es una autoflagelación sorprendente en un tipo que lleva en el oficio desde que era un crío. ¿Te acuerdas de Ronald Howard? No, no el actor de los años 50 – hablo del pequeño Ronny, interpretando a Opie en El show de Andy Griffith a los cinco años. Así es: ha estado dirigiendo su propia vida desde antes de que la mayoría supiéramos atarnos los zapatos. Y sin embargo, incluso después de todos esos Óscar y éxitos de taquilla, él cree que sus películas carecen de cierta... chispa peligrosa.
Para ser justos, no le falta razón. Piensa en su filmografía. Está repleta de películas hermosamente construidas y emocionalmente inteligentes. Pero, ¿cuándo fue la última vez que una película de Ron Howard te sorprendió de verdad? Exacto. Ese es el defecto del que habla – una tendencia a limar las aristas hasta que todo encaje a la perfección.
Echemos un vistazo al pasado, y verás a qué me refiero:
- El Grinch - DVD – Jim Carrey volviéndose loco con pelaje verde. La versión de Howard es maravillosamente rara, pero incluso entonces se nota la red de seguridad familiar. (Aun así, ese DVD sigue siendo un clásico navideño en millones de hogares – incluido el mío).
- Liquidación de DVD de Willow – Ah, la aventura fantástica de 1988 que popularizó un montón de bromas sobre "picotazos". Todavía puedes encontrar DVDs de Willow en cestas de liquidación en toda España. ¿Y qué? Hazte con uno. Es pura diversión sin pretensiones. Pero el propio Howard ha insinuado que le habría gustado llevar más lejos los elementos de fantasía oscura.
- 10º aniversario de El código Da Vinci – Vaya, qué bestia más curiosa. El relanzamiento de 2016 (que conmemoraba una década de Tom Hanks corriendo por iglesias europeas) nos recordó lo elegante y pulido que puede llegar a ser Howard. Es un thriller que rara vez emociona. Pero se vendió como rosquillas. Quién sabe.
Lo que me encanta de esta confesión es el momento. Justo cuando estamos viendo una oleada de directores que no se disculpan por nada, Ron Howard – el hombre más agradable de Hollywood – decide señalar públicamente su propio supuesto fracaso. Es casi entrañable. No intenta ser provocador ni buscar polémica. Simplemente... es Ron. Y quizá ahí esté la verdadera magia.
Porque lo cierto es lo siguiente: ese «defecto garrafal» – la necesidad de control, el brillo pulido – es también la razón por la que sus mejores películas funcionan. Apolo 13 no sería la misma montaña rusa de tensión sin su atención obsesiva al detalle. Una mente maravillosa consigue sus golpes emocionales porque él nunca deja que el caos desborde la historia. Así que sigue así, Ron. Sigue siendo demasiado ordenado. Nosotros seguiremos viéndote. Y la próxima vez que liquides esos viejos DVDs de Willow, guarda uno para mí.