El Partido Verde lleva las eléctricas al pueblo: así es su nueva ofensiva electoral
La campaña electoral empieza a calentarse de verdad. Tras un invierno de precios de la electricidad récord y una inflación que no da tregua, los partidos buscan ahora temas que realmente movilicen al electorado. El Partido Verde (Miljöpartiet) ha encontrado su bandera: que toda Suecia se suba al coche eléctrico.
"Que todos puedan permitirse un coche eléctrico"
Desde la sede del partido en Pustegränd, Estocolmo, los mensajes se suceden cada vez con más frecuencia: se acabó el sambenito de que es un lujo. Los Verdes quieren lanzar una gran ofensiva por el vehículo eléctrico para que la gente corriente también pueda permitirse decir adiós a las gasolineras. He hablado con varios representantes locales que lo tienen claro: este es el camino a seguir. No se trata de castigar al conductor, sino de hacer que la opción ecológica sea la opción sencilla.
En concreto, la propuesta combina préstamos más baratos para coches eléctricos, el despliegue de puntos de recarga en todo el país y generosas ayudas para quien dé el paso. También quieren revisar los impuestos para que no salga a cuenta usar viejos diésel innecesariamente. Para quien esté pensando en cambiar de coche pero le eche para atrás el precio, esto puede ser un punto de inflexión. Según fuentes de la sede del partido, las medidas están cuidadosamente calculadas para cuadrar con los presupuestos del Parlamento.
Golpes bajos a la línea de los ultras
A la vez, el Partido Verde aprovecha para lanzar unos cuantos mazazos a los Demócratas de Suecia (SD). En un artículo de opinión que circula entre las filas del partido, señalan que el continuo reclamo de los ultras de bajar el impuesto de la gasolina es, ni más ni menos, que "ponerle el combustible en bandeja a Putin y a Irán". El mensaje es nítido: cada vez que llenamos el depósito con combustibles fósiles en Suecia, el dinero termina financiando regímenes que sostienen guerras en Europa y la opresión en Oriente Próximo. No lo dicen por decir, sino para subrayar las consecuencias internacionales de nuestras políticas domésticas. En el partido consideran que el populismo gasolinero es directamente peligroso desde el punto de vista de la seguridad nacional.
Estos son algunos de los puntos que los Verdes defienden con más ahínco ahora mismo:
- Préstamos subvencionados para coches eléctricos – el Estado garantiza tipos de interés preferentes para hogares con ingresos normales.
- Puntos de recarga en todo el país – no solo en las grandes ciudades, sino en cada carretera principal y en cada municipio.
- Ayuda para coches eléctricos de segunda mano – para que quien no compra un vehículo nuevo también pueda sumarse a la transición.
- Críticas a la política energética de los ultras (SD) – sostienen que la gasolina barata solo beneficia a los Estados petroleros y retrasa la transición ecológica.
No se trata, por tanto, de tocar aquí y allá los impuestos, sino de una transformación social de calado. Y así es exactamente como el Partido Verde quiere ser visto: como la formación que tiene un plan de futuro, y no solo para la economía doméstica del mes que viene.
Deciden los votantes: ¿se convertirá el coche eléctrico en el nuevo utilitario popular?
La cuestión, claro, es si este mensaje calará. En mis charlas con votantes del centro de Suecia, noto cierto hartazgo ante las promesas vacías. Pero cuando se les explica que un eléctrico quizá no tenga por qué costar 600.000 coronas y podría ser asequible para una familia con hijos, la esperanza se reaviva. Los Verdes confían en que esta ofensiva atraiga de nuevo a votantes que antes sentían que el tema del clima era demasiado caro o demasiado abstracto.
¿Lo conseguirán? Está por ver. Pero lo que es seguro es que este año el debate no va solo de nuclear o eólica. Va de qué echamos al depósito y de quién decide el precio en el surtidor. Y ahí, el Partido Verde se ha plantado en el centro de la polémica: con propuestas concretas y un afilado dardo contra el populismo de los ultras (SD).