Tensiones internacionales: el papel crucial del ministro de defensa en un mundo convulso

Las tensiones en Oriente Próximo han vuelto a escalar en las últimas horas. Columnas de humo negro azabache se elevan sobre Teherán tras nuevos ataques con misiles, y un grave incendio en una importante torre en Kuwait se relaciona con un ataque con drones iraníes. Para los protagonistas en el escenario mundial, en momentos así solo hay un cargo que realmente importa: el de ministro de defensa. En La Haya, Washington, Moscú, Nueva Delhi y Kiev, todos están ahora mismo manejando los mandos. ¿Cómo mueve cada uno sus piezas en este tablero de alto riesgo?
Washington contra Moscú: la guerra invisible
Para el secretario de Defensa de Estados Unidos es la hora de ponerse el casco. Las tensiones entre Israel e Irán han alcanzado tal punto que un conflicto regional parece inevitable. Estados Unidos no tiene tropas en la línea de fuego, pero sí bases y aliados que podrían ser alcanzados en cualquier momento. En el Pentágono se trabaja a contrarreloj en escenarios para controlar una escalada. En la otra orilla, el ministro de Defensa de la Federación Rusa observa con interés propio. Moscú necesita a Irán como aliado, pero no desea una guerra. Por ello, en la cúpula de la defensa rusa se rumorea que están advirtiendo discretamente a Teherán que no vaya demasiado lejos, mientras aseguran al mismo tiempo su propia posición en Siria.
Kiev y Nueva Delhi: dos caras de la misma crisis
En Ucrania, el ministro de Defensa de Ucrania contiene la respiración. Una expansión del conflicto en Oriente Próximo implicaría inevitablemente una desviación de la atención y los envíos de armas occidentales. Fuentes internas de la defensa ucraniana admiten a puerta cerrada que temen un nuevo avance ruso si el apoyo de Washington flaquea. En el subcontinente indio, la necesidad también es acuciante. El ministro de Defensa de la India debe proteger a los millones de indios que trabajan en la región del Golfo. Cada nuevo ataque en esa zona dispara el precio del petróleo y pone en peligro a sus compatriotas. En Nueva Delhi se mantienen consultas frenéticas con las embajadas en Bagdad y Riad, ya que una evacuación masiva ha dejado de ser un escenario teórico.
Países Bajos en primera línea diplomática
Y luego está el papel neerlandés. Este fin de semana, varios ciudadanos neerlandeses procedentes de Catar aterrizaron en Schiphol, una indicación silenciosa pero clara de que la situación en la región se consideraba demasiado peligrosa para transitar. La ministra de Defensa neerlandesa está supervisando la situación de cerca. Nuestros F-35 ya sobrevuelan Europa del Este, pero ahora también se está revisando la propia defensa antiaérea contra drones y ataques con misiles. En el ministerio de La Haya se dialoga con colegas de la OTAN para mantener libre el mar Rojo, una arteria comercial crucial que está siendo atacada cada vez con más frecuencia por los rebeldes hutíes. Es una guerra diplomática silenciosa, pero intensa, lejos de los focos.
En qué se fijan ahora los ministros de defensa:
- La región del Golfo: Instalaciones petrolíferas y aeropuertos son objetivos potenciales de misiles. La protección de los propios ciudadanos y asesores militares es la máxima prioridad.
- El mar Rojo: Los ataques a buques portacontenedores por parte de los hutíes yemeníes amenazan la economía mundial; los escoltas militares son imprescindibles.
- Israel e Irán: Una guerra directa entre ambos incendiaría todo Oriente Próximo, con consecuencias impredecibles para la OTAN.
- Guerra informativa: Las campañas de desinformación rusas e iraníes intentan socavar el apoyo occidental a Israel.
El título de ministro de defensa es en estos momentos uno de los cargos más pesados del planeta. Desde Washington a Moscú, de Nueva Delhi a La Haya: deben mantener el rumbo en una tormenta que llega de múltiples direcciones a la vez. Y mientras ellos preparan los siguientes movimientos, millones de personas miran con tensión el cielo sobre Teherán y el humo sobre Kuwait. Es la espera del próximo movimiento en una crisis que aún no ha terminado ni mucho menos.