Goldman Sachs, Jean-Jacques y el shock petrolero: la historia de tres Goldman que están sacudiendo Francia
Hay semanas en las que un simple apellido parece marcar el ritmo de la actualidad. Esta semana, "Goldman" se ha colado en las conversaciones, entre el temor a un shock petrolero y los temblores en el mercado laboral. No uno, sino tres. Tres formas de mirar el mundo que nos rodea: la fría racionalidad de las finanzas, la escalada de precios en el surtidor y una cierta melancolía musical.
El shock petrolero y la generación sacrificada
Empecemos por el que ha hecho temblar los mercados en los últimos días. Un informe interno, cuyas líneas generales han circulado por las salas de mercado parisinas, ha caído como un jarro de agua fría. El escenario central no es nada bonito. Con las actuales tensiones geopolíticas –especialmente lo que está ocurriendo en el estrecho de Ormuz– y la imprevisible respuesta de la administración estadounidense, el análisis predice que nos dirigimos hacia un shock de oferta.
En términos prácticos, para los simples mortales, esto significa un barril de crudo que podría alcanzar niveles no vistos en años. Pero no es solo una línea en un gráfico. Es una onda expansiva que golpea primero al bolsillo y luego al empleo. Los grandes bancos estadounidenses advierten de un efecto dominó: el disparo de la energía lastrará inevitablemente los márgenes de las empresas, especialmente en los sectores de logística e industria. Y donde los márgenes se comprimen, los planes de contratación acaban congelándose.
- Industria automovilística: ya debilitada, corre el riesgo de reducir el ritmo.
- Transporte por carretera: los márgenes están ya por los suelos, las paralizaciones en las contrataciones son inevitables.
- Construcción: el aumento de las materias primas hace que algunas obras no sean rentables.
Ese es el famoso efecto dominó del que hablan los economistas. Y si este shock persiste, no solo subirá el precio de los combustibles, sino que todo el mercado laboral temporal podría atascarse de aquí a finales de primavera. El análisis tiene al menos el mérito de ser claro: miramos por el retrovisor, pero la carretera que tenemos por delante está llena de baches.
Los hermanos Goldman, un asunto de familia
Pero en medio del tumulto de cifras y proyecciones, otro Goldman llega para recordarnos que la vida no es solo una cuestión de dividendos. Jean-Jacques, por supuesto. Es difícil no pensar en él cuando el ambiente general se vuelve opresivo. Se habla mucho de su hijo, Michael, últimamente. Michael Goldman quizás no tenga la carrera de su padre, pero lleva un apellido que resuena como una partitura en el panorama cultural francés.
Mientras la prensa económica se disputa las notas de coyuntura, el resto del país parece buscar una melodía para despejar la mente. Y curiosamente, el apellido vuelve a aparecer. Ronald Goldman, el hermano mayor de Jean-Jacques, suele mencionarse como telón de fondo, recordando a esa familia llegada de otras tierras que tanto marcó la canción francesa. Es una forma de estabilidad, un anclaje en un panorama mediático y económico que se desboca.
Lo que sorprende es esta dualidad. Por un lado, el Goldman estadounidense, una máquina de predecir recesiones y calcular el impacto de los misiles en el precio de la gasolina sin plomo. Por el otro, los Goldman franceses, que nos hablan de herencia, transmisión y resiliencia. Quizás ese sea la verdadera paradoja de esta semana: escudriñamos las cifras para saber si conservaremos nuestro empleo, pero prestamos oído a la música para recordar por qué nos levantamos cada mañana.
Cuando el mercado laboral se encuentra con la cultura pop
El momento es interesante. Ayer estaba hablando con un reclutador del sector de la ingeniería. Me decía que desde el anuncio de los pronósticos sobre la persistencia del shock energético, sus clientes se han vuelto cautelosos. "Ya no quieren contratar, quieren esperar a ver el color de la factura de la luz del mes que viene", me confesó. Esta cautela, sumada a las tensiones salariales, crea un cóctel explosivo.
Ahí es donde duele. A menudo se oye que los jóvenes (la famosa Generación Z) están desconectados del mercado laboral. Pero cuando uno ve el panorama que se dibuja –un mercado laboral que podría dar un vuelco si el barril se mantiene alto–, hay que reconocer que su preocupación por la inestabilidad es perfectamente racional. Heredan un mundo donde las crisis se suceden sin dar tregua.
Entonces, ¿qué sacamos en claro de esta semana Goldman? Por un lado, la dura realidad: las firmas de análisis nos preparan para días grises en el plano económico. Por el otro, la persistente dulzura: la familia Jean-Jacques Goldman nos recuerda que la cultura, la canción, la transmisión, son pilares que no se tambalean ni siquiera cuando los mercados se desbocan. En estos tiempos inciertos, quizás sea el único análisis que se sostiene.