Fiorello, 'La Mattinanza' en Rai2 y ese apellido que llega hasta Nueva York: ¿qué tiene que ver el aeropuerto LaGuardia?
Si estas mañanas os habéis despertado con una sonrisa de oreja a oreja, probablemente habéis puesto Rai2. Ha vuelto Fiorello, y lo ha hecho de la forma más explosiva posible: con 'La Mattinanza', un contenedor diario que está revolucionando literalmente los desayunos de los italianos. Nada de pódcasts estudiados al milímetro o escaletas rígidas, aquí se improvisa sobre la marcha, con invitados sorpresa, llamadas de teléfono inverosímiles y ese caos controlado que solo el rey de la radio y la televisión sabe orquestar.
La aventura ha arrancado estos días en Rai2, y ya se huele el aroma de la revancha. Las malas lenguas dicen que para el morning de Rai1 ha sido un trago amargo – y, en efecto, mientras la primera apuesta por fórmulas más tradicionales, Fiorello desata desde el otro lado su ejército de juerguistas. Pero no lo llaméis guerra de audiencia: es simplemente el pensamiento Fiorello aplicado a la franja matutina, la que él conoce mejor que nadie. Cada día, contenido inédito, actuaciones en directo y esa forma suya de meter la vida real, como solo alguien con treinta años de carrera a sus espaldas puede permitirse.
Hablando de carrera y del nombre: ¿sabíais que Fiorello no es solo nuestro Rosario? Al otro lado del charco, en Nueva York, está el Aeropuerto LaGuardia que lleva ese mismo apellido. Y sí, porque Fiorello LaGuardia fue uno de los alcaldes más queridos de la Gran Manzana, el que dio nombre al aeropuerto y también al mítico LaGuardia High School, la escuela de artes escénicas que ha formado a talentos como Jennifer Aniston y Al Pacino. Cierto, entre el político ítalo-estadounidense y nuestro showman siciliano no hay parentesco, pero cada vez que oigo el nombre del aeropuerto pienso: ¿y si un día Rosario decidiera hacer un programa desde allí? Después de todo, con 'La Mattinanza' ya ha despegado...
Aquí van tres cosas que convierten 'La Mattinanza' en una cita imprescindible (y que quizás explicarían también la palabra '¡Fiorello!' escrita con exclamación):
- La desconcertante ausencia de guion: Cada entrega es una apuesta. Fiorello se sienta, mira a cámara y empieza. El resto es pura improvisación, incluyendo las intrusiones de los técnicos y las llamadas a números al azar.
- El transformismo instantáneo: Imita a políticos, cantantes y personajes del momento sin necesidad de máscaras. Basta una expresión y la voz adecuada para desatar la hilaridad.
- La capacidad de llevar la calle a la televisión: Transeúntes entrevistados desde la ventana, aparcacoches ilegales que se convierten en tertulianos, abuelos que cuentan historias de otros tiempos. Es la Italia real, sin filtros.
Si queréis entender de qué hablarán todos en el bar, sintonizad Rai2. Fiorello ha vuelto a hacer lo que mejor se le da: hacernos compañía, hacernos reír y recordarnos que la televisión, cuando es libre, puede seguir siendo un gran espectáculo. Y quién sabe si tarde o temprano no organiza un directo desde el Aeropuerto LaGuardia… quizás titulando el programa '¡Fiorello! Aterriza en Nueva York'. Sería la guinda del pastel para una mañana ya de por sí perfecta.