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Taxista: Más que un simple taxi – se trata de vida o muerte

Seguridad y sociedad ✍️ Kjell Eriksen 🕒 2026-03-29 00:45 🔥 Vistas: 2

Los vemos en todas partes, en el paisaje urbano, de regreso a casa desde el centro o camino al aeropuerto. El taxi. El taxi amarillo de Nueva York es un ícono, pero la rutina de un taxista aquí, en casa, es algo completamente distinto. Es un gremio que damos por sentado, hasta que algo sale terriblemente mal. En los últimos días, he tenido una sensación inquietante, porque detrás del auto anónimo y el amable conductor se esconde un mundo de riesgos que muy pocos de nosotros imaginamos.

Un taxista al volante

Un día laboral común, una tragedia irreal

Todo empieza como una noche cualquiera. Un taxi circula por la calle, el conductor hace lo de siempre: recoge pasajeros, los lleva a su destino, tal vez una breve charla sobre el clima o el fútbol. Pero hace unos días, en lo que parecía ser un turno completamente ordinario, todo terminó en una noche de terror. Hablé con un colega del gremio que conocía al conductor, y solo atinó a negar con la cabeza. "Fue como una película", me dijo. "Solo iba a hacer un servicio y, de repente, se encontró en medio de una pesadilla".

Es fácil olvidar que detrás del volante hay una persona con familia, amigos y una vida diaria. Este suceso, que ha sacudido a la comunidad local, muestra la cruda realidad: un conductor de taxi es a menudo la persona más vulnerable en un encuentro con desconocidos. Manejan solos, a altas horas de la noche, con puertas que se abren para cualquiera.

  • Turnos en soledad: La mayoría de los viajes son cortos y sin contratiempos, pero cuando se hace tarde, a menudo solo están el conductor y el pasajero.
  • Una puerta abierta: Un taxi es quizás el único trabajo donde abres la puerta a completos desconocidos, hora tras hora.
  • La carga mental: No solo se trata de la violencia en sí. Es la constante alerta, las amenazas que nunca se denuncian y la inseguridad que termina siendo parte de la rutina.

¿Qué pasa cuando la seguridad se desvanece?

Tras la tragedia, vemos el mismo patrón. Las centrales de taxis emiten advertencias, los compañeros se organizan en reuniones de apoyo y la investigación está en marcha. Pero lo que queda es la pregunta: ¿cómo podemos proteger a quienes nos llevan sanos y salvos a casa? Yo mismo viví en Nueva York y recuerdo las historias de los taxistas de la Ciudad de Nueva York, esos que manejan por barrios donde pocos se atreven a caminar. El riesgo ahí es diferente, pero el miedo existencial es el mismo.

Aquí, en casa, nos gusta pensar que es diferente. Que vivimos en un país seguro. Pero un taxista que se encuentra con una persona inestable dentro de su auto es igualmente indefenso sin importar en qué parte del mundo se encuentre. Es un recordatorio de que este oficio requiere mucho más que una licencia y una sonrisa. Requiere una dosis invaluable de criterio y una paciencia que a menudo se pone a prueba.

Mientras vamos cómodamente en el asiento trasero, con el teléfono en la mano y tal vez unas copas encima, rara vez pensamos en la persona que nos lleva a casa. No vemos las revisiones rutinarias en el espejo retrovisor, la evaluación constante de quién se sube, o la preocupación silenciosa por llegar a su propio hogar después del turno. Este último suceso ha sido un duro golpe para quienes viven de esto. Esperemos que no tenga que costar tan caro para que realmente valoremos a quienes están detrás del volante.