Hape Kerkeling regresa: Horst Schlämmer en busca de la felicidad – una película como volver a casa
Ahí está de nuevo, con esa corbata que parece masticada por un perro y el encanto de una reunión familiar ligeramente pasada de moda: Hape Kerkeling le infunde nueva vida a su papel estrella, Horst Schlämmer. Quien creyera que el autoproclamado “millonario de internet” de Grevenbroich solo fue un gag electoral pasajero con su famoso grito “¡Isch kandidiere!” (¡Yo me presento!), está muy equivocado. La nueva película demuestra que este fenómeno cómico, poco convencional y maravillosamente honesto a su manera, ya lleva tiempo instalado en el imaginario colectivo – y ahora conquista la gran pantalla.
Un hombre, un fiordo – y mucho Schlämmer
Esta vez, la historia lleva a nuestro antihéroe muy lejos de su entorno habitual. Habla de emociones profundas, una herencia inesperada y, por supuesto, la eterna búsqueda de la felicidad. El subtítulo “Isch kandidiere!” está muy bien elegido, porque, como siempre con Kerkeling, esto nunca es solo payasadas. Bajo esa peluca alocada y el dialecto renano se esconde una aguda sátira social. Vemos a Horst en situaciones que lo desbordan por completo – y es precisamente ahí donde reside su autenticidad irresistible. Angelo Colagrossi, quien ya estuvo a cargo del exitoso proyecto de Kerkeling “Ein Mann, ein Fjord!” (Un hombre, un fiordo), sabe como nadie darle a los personajes el espacio necesario sin caricaturizarlos.
Quien estuvo en las salas de cine los días posteriores al estreno, vivió este fenómeno en carne propia: la gran afluencia de fans, el cariño genuino. No fue un estreno elitista, sino un encuentro cercano con el público. Eso es lo que caracteriza a Horst Schlämmer. Es el antiestrella que no busca caer bien. El propio Hape Kerkeling lo resumió una vez: se trata de no adular a los de arriba ni pisotear a los de abajo. Y eso es exactamente lo que hace esta película. Se ríe con Horst, no de él. Y nos pone un espejo frente a nosotros sin querer dar lecciones.
Tres razones para no perdértela en el cine:
- Comedia auténtica: Nada de humor forzado, sino personajes que parecen sacados de la vida real.
- Timing perfecto: En tiempos de absurdo político, un personaje como Horst Schlämmer – que fracasa pero sigue luchando – resulta casi sanador.
- Hape Kerkeling en su mejor momento: Ofrece una lección magistral de cómo retomar un personaje décadas después y descubrirle nuevos matices.
“Horst Schlämmer – Isch kandidiere!” no es una producción cinematográfica pretenciosa que busca el gran éxito. Es como volver a casa. Un reencuentro con un viejo conocido que, tras 90 minutos, te deja con una sonrisa en el rostro. Y quizá también con la sensación de que está bien no ser perfecto siempre. De que basta con simplemente lanzarse a hacer las cosas. Esto no solo es divertido, es entretenimiento en el mejor sentido de la palabra.
Así que reúne a tus seres queridos, prepárate para el encanto renano y un poco de caos. Las salas de cine están llenas – y con razón. Quien vivió la avalancha de público en Leipzig lo sabe: Horst ha vuelto. Y eso es una muy buena noticia para la comedia.