Manifestación en Lausana: cómo el carnaval antifascista mantuvo la calma – crónica sobre el terreno
Mediodía del sábado en Lausana. La lluvia golpea los adoquines de la Rue de la Mercerie, pero el ambiente está lejos de ser gris. Estoy rodeado de disfraces de colores, redobles de tambor y el inconfundible olor a almendras garrapiñadas. En realidad, este día podría haber sido muy distinto. Los rumores sobre una posible manifestación en Lausana –más concretamente, sobre marchas de la extrema derecha– han mantenido a la ciudad en vilo toda la semana. Se escuchaban cuchicheos en los bares, se veían miradas preocupadas en los comercios del Flon. Pero lo que veo aquí ahora es una ciudad que no se deja amedrentar. Un “a pesar de todo” que casi se puede tocar.
Un carnaval con conciencia
Es el carnaval antifascista, que aquí es toda una tradición. Se podría decir que es la declaración política más ruidosa, colorida y, al mismo tiempo, clara que tiene Lausana. Recuerdo años en que estos desfiles eran más pequeños, casi un asunto familiar. ¿Pero hoy? Hoy la Place de la Riponne está abarrotada. Los organizadores dejaron claro desde el principio que no rehúyen la provocación, pero tampoco quieren violencia. Hablan de un evento que aspira a ser “alegre y lluvioso” –así lo anunciaron la semana pasada en la vista previa local. Y así es exactamente.
Las “Actas de la 14ª Conferencia Interdisciplinar de Investigación en Biomateriales” –sí, ya sé, el título suena a un tema completamente distinto– también se celebraron esta semana en la ciudad. Pero mientras los científicos intercambiaban opiniones en las aulas de la EPFL sobre los últimos avances en medicina regenerativa, lo que ocurría aquí en la calle era otro tipo de “cohesión”. Una especie de biomateria social, si se quiere. Porque, ¿qué mantiene unida a una sociedad, si no momentos como este de expresión colectiva?
La escalada anunciada no llegó a producirse
Antes del evento se habló mucho de “riesgos”. De posibles enfrentamientos entre la extrema derecha y el espectro izquierdista. La policía estaba presente, sin duda. Pero se mantuvo en un segundo plano. Lo que me llamó la atención: la gente no estaba aquí por miedo, sino por convicción. Un señor mayor con una cabeza de cartón piedra hecha por él mismo, que parecía un comisario de policía, me guiñó un ojo: “Ellos solo quieren que nos quedemos en casa. Pero nosotros somos la ciudad”.
Ese es el espíritu que define este carnaval. No se trata solo de festejar. Se trata de una manifestación en Lausana que demuestra que el espacio público no se deja en manos de quienes siembran odio. Hoy he visto a mucha gente joven, pero también a familias con niños. Era una muestra representativa de la sociedad. Y mientras los desfiles daban sus vueltas por el casco antiguo, todo fue sorprendentemente tranquilo. Algunas discusiones concentradas en los márgenes, algún que otro silbido contenido… nada más. La “Carnaval antifasciste” se impuso a todos los agoreros.
- Ambiente: A pesar de la lluvia, desenfadado y decidido. Los grupos musicales tocaron a pleno pulmón.
- Dispositivo de seguridad: Amplio despliegue policial, pero sin incidentes destacables. La consigna fue la desescalada.
- Mensaje político: Un claro rechazo a cualquier forma de extremismo. Muchas pancartas abordaban temas sociales de actualidad.
- Público: Mezcla heterogénea – desde el espectro alternativo de izquierdas hasta turistas curiosos y vaudois de toda la vida.
Lausana se mantiene alerta
Cuando el desfile se fue disolviendo al atardecer y los primeros grupos en los pequeños escenarios del Flon tocaban sus últimos acordes, quedó claro: este día fue un éxito para todos los que viven aquí. La ciudad ha demostrado que es abierta al mundo no solo sobre el papel, sino de corazón. El miedo que se había avivado previamente no se hizo realidad.
Me quedaré un rato más en la barra, viendo cómo termina el día. Ahora huele a ropa mojada y a vino caliente. Un niño pequeño disfrazado de Superman arrastra a su padre cansado tras de sí. Las farolas proyectan largas sombras sobre el empedrado mojado. Ha sido un buen día para Lausana. Un día que demuestra que la mayor fortaleza de esta ciudad no reside en la confrontación, sino en su capacidad para unirse – incluso cuando llueve. Y por eso, por eso voy a brindar ahora.