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Barry Keoghan bromea con Cillian Murphy para provocar—y acaba emocionado hasta las lágrimas por Jessie Buckley

Espectáculos ✍️ Fiona Kelly 🕒 2026-03-11 09:43 🔥 Vistas: 1

Barry Keoghan visiblemente emocionado en la función de Hamnet en Dublín

Si hay algo seguro con Barry Keoghan es que nunca deja de mantenernos en vilo. El dublinés ha vivido una auténtica montaña rusa esta semana: primero, encendió al país burlándose de nuestro otro tesoro nacional, Cillian Murphy, y luego demostró tener un corazón tan grande como el Liffey al ser visto visiblemente conmovido en el teatro. Es de película.

El hombre que disfruta provocando

Todo empezó, como suele pasar con las mejores bromas, con una pulla. Keoghan, que nunca se toma demasiado en serio a sí mismo, soltó un comentario casual sobre Cillian Murphy que provocó exactamente lo que él buscaba en internet: revuelo. "Claro, lo dije solo para cabrear a la gente", comentó después, según se dice, con ese brillo pícaro en la mirada que todos conocemos y adoramos. Ya fuera sobre quién es el mejor actor de la capital o sobre cualquier otra cosa, la reacción fue puro Barry: sabe perfectamente qué botones tocar, y los toca con la sutileza de un niño pequeño con los del ascensor.

De provocador nato a sensiblero

Pero justo cuando crees que tienes al dublinés encasillado como el payaso de la clase, le da la vuelta al guion. El fin de semana, fue visto en una función de Hamnet en Dublín, y no mostraba su habitual yo travieso. Sentado entre el público, fue captado por una cámara secándose las lágrimas, completamente conmovido por la impresionante actuación de Jessie Buckley. La corkesa, que está cosechando excelentes críticas por su papel en la adaptación teatral, tocó claramente la fibra de Barry. Es un recordatorio de que, tras la fanfarronería y las bromas, hay un tipo que siente profundamente las cosas, y no tiene miedo de demostrarlo.

Una carrera construida sobre registros camaleónicos

Esa amplitud de registro es precisamente lo que ha convertido a Keoghan en uno de los actores más emocionantes surgidos de Irlanda en años. Desde su consagración en El sacrificio de un ciervo sagrado de Yorgos Lanthimos, donde interpretaba a un adolescente cuya inquietante quietud ponía los pelos de punta, hasta el desgarrador papel en Almas en pena de Inisherin, donde silenciosamente robaba escenas como el chico que solo quería ser recordado, Barry nunca ha elegido el camino fácil. Y no es solo cosa de la gran pantalla; corre el rumor de que está detrás de un proyecto basado en la novela Crime 101 de Don Winslow, una obra que han adaptado para el cine. Si eso ocurre, nos espera otra clase magistral de tensión y vulnerabilidad.

Por qué no nos cansamos de él

Hay una razón por la que Barry Keoggan se ha convertido en un nombre familiar aquí, y no es solo por la nominación al Globo de Oro o los rumores del Óscar. Es el hecho de que es inconfundiblemente uno de los nuestros: un chico de Summerhill que triunfó, que sigue apareciendo por el bar, que un día se burla de Cillian Murphy y al día siguiente llora con Jessie Buckley. Encarna esa contradicción irlandesa: la risa que esconde el dolor, el orgullo que no deja ver la herida hasta que se apagan las luces.

Estas son solo algunas razones por las que todos estamos secreta (o no tan secretamente) obsesionados:

  • El cachondeo: Es capaz de vacilar a nuestros otros iconos sin inmutarse, y le queremos por eso.
  • La vulnerabilidad: Desde El sacrificio de un ciervo sagrado hasta las lágrimas por Hamnet, nunca tiene miedo de llegar hasta el fondo.
  • El registro: Puede pasar de lo inquietante a lo desgarrador en un suspiro; solo hay que volver a ver Almas en pena de Inisherin.
  • La lealtad: Sigue volviendo a Dublín, apoyando la cultura y recordándonos que sigue siendo el mismo de siempre.

Así que brindemos por Barry Keoghan: el hombre que nos enfada, nos hace llorar y nos llena de orgullo ser irlandeses. Haga lo que haga a continuación (y cruzo los dedos para esa adaptación de Crime 101), podéis apostar a que estaremos mirando. Quizá solo convenga tener un pañuelo a mano.