Paul Thomas Anderson: El maestro del cine moderno y su tranquila vida junto a Maya Rudolph
Si alguna vez te has perdido en la madriguera del cine más ambicioso, seguro has llegado al trabajo de Paul Thomas Anderson. El hombre detrás de algunas de las películas estadounidenses más hipnóticas de las últimas tres décadas tiene una forma de calar hondo, ya sea a través de los inquietantes campos petroleros de Petróleo sangriento (There Will Be Blood) o de las brumosas calles bañadas por el sol de Puro vicio (Inherent Vice). Sin embargo, últimamente, no solo son sus películas lo que llama la atención, sino la vida hermosa y discretamente sencilla que ha construido lejos de las alfombras rojas.
Una filmografía que exige atención
Entra a cualquier cine de repertorio desde la Ciudad de México hasta Guadalajara y seguro encontrarás una función especial de alguno de sus clásicos. The Master, con las actuaciones hipnóticas de Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman, sigue siendo un punto de referencia para los amantes del drama de personajes. Luego está Puro vicio (Inherent Vice), esa psicodélica adaptación de Thomas Pynchon que, por alguna razón, mejora con cada reencuentro. Anderson no solo hace películas; construye mundos completos que se sienten vívidamente habitados, polvorientos y con una realidad que duele.
Su influencia incluso se extiende al mundo del arte. Coleccionistas y cinéfilos por igual se obsesionan con El arte de Mondo (The Art of Mondo), la célebre serie de carteles que reinventa películas clásicas. El trabajo de Anderson ha sido uno de los favoritos de los artistas de Mondo; esos impresos audaces y minimalistas para Boogie Nights o Embriagado de amor (Punch-Drunk Love) capturan la misma energía excéntrica que su cámara lleva a la pantalla.
La mujer detrás del hombre (y viceversa)
Aquí es donde se pone personal. Durante casi veinte años, Anderson ha compartido su vida con Maya Rudolph, el genio de la comedia del que todos nos enamoramos en Saturday Night Live. A diferencia de los personajes intensos y atormentados de sus películas, su relación es refrescantemente discreta. Han formado una familia: cuatro hijos, un hogar en el Valle de San Fernando y un respeto mutuo que rara vez llega a los titulares de la prensa rosa. Si lo piensas, tiene todo el sentido: el hombre que captura el caos de la conexión humana en el cine encontró su propio ancla firme frente a las cámaras.
Su vida doméstica es refrescantemente normal: llevar a los niños a la escuela, ir al supermercado, todo el rollo. Está a años luz de los mundos volátiles que Anderson crea, y quizá ese sea el secreto. Él vierte toda esa intensidad en su arte, dejando espacio para una vida tranquila y privada con alguien que lo hace reír.
Por qué sigue siendo relevante
En una era de saturación de franquicias, Paul Thomas Anderson es un recordatorio de que la narración original aún tiene un lugar. No hace películas cada año; cada una se siente como un acontecimiento. Aquí hay un vistazo rápido a lo que hace tan única su carrera:
- Colaboración sin miedo: Vuelve una y otra vez a los mismos actores (Daniel Day-Lewis, Joaquin Phoenix, Philip Seymour Hoffman) llevándolos a dar los mejores papeles de sus carreras.
- Poesía visual: Sus planos secuencia y su meticulosa composición (a menudo fotografiada por el gran Robert Elswit) convierten cada escena en una pintura.
- Quebrantador de géneros: Desde el caos coral de Magnolia hasta la sátira del mundo de la moda en El hilo fantasma (Phantom Thread), se niega a ser encasillado.
Ya sea que estés haciendo fila para una función especial de The Master o descubriendo Puro vicio (Inherent Vice) en una tarde lluviosa, el trabajo de Anderson siempre te recompensa. Y saber que detrás de esas películas oscuras y hermosas hay un tipo que vuelve a casa con una familia cálida... bueno, eso solo añade otra capa a la leyenda.