Paul Thomas Anderson: El maestro del cine moderno y su tranquila vida junto a Maya Rudolph
Si alguna vez te has adentrado en un pozo sin fondo de cine ambicioso, seguro que has topado con la obra de Paul Thomas Anderson. El hombre detrás de algunas de las películas americanas más hipnóticas de las últimas tres décadas tiene una forma de calar hondo, ya sea a través de los inquietantes pozos petrolíferos de Pozos de ambición (There Will Be Blood) o de las brumosas y soleadas calles de Puro vicio (Inherent Vice). Sin embargo, últimamente no solo hablamos de sus películas; también de la hermosa y discreta vida que se ha construido lejos de la alfombra roja.
Una filmografía que exige atención
Entra en cualquier cine de repertorio desde Vancouver hasta Halifax y seguro que encuentras un pase de uno de sus clásicos. The Master, con las interpretaciones hipnóticas de Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman, sigue siendo un referente para los amantes del drama de personajes. Y luego está Puro vicio (Inherent Vice), esa psicodélica adaptación de Thomas Pynchon que mejora con cada visionado. Anderson no solo hace películas; construye mundos enteros que se sienten habitados, polvorientos y desgarradoramente reales.
Su influencia llega incluso al mundo del arte. Coleccionistas y cinéfilos por igual idolatran The Art of Mondo, la célebre serie de carteles que reimaginan películas clásicas. La obra de Anderson ha sido una de las favoritas de los artistas de Mondo; esos audaces y minimalistas carteles para Boogie Nights o Embriagado de amor (Punch-Drunk Love) capturan la misma energía excéntrica que su cámara aporta a la pantalla.
La mujer detrás del hombre (y viceversa)
Aquí es donde la cosa se vuelve personal. Durante casi veinte años, Anderson ha compartido su vida con Maya Rudolph, el genio de la comedia del que todos nos enamoramos en Saturday Night Live. A diferencia de los intensos y taciturnos personajes de sus películas, su relación es refrescantemente discreta. Han formado una familia: cuatro hijos, su hogar en el Valle de San Fernando y un respeto mutuo que rara vez aparece en los titulares de la prensa rosa. Si lo piensas, tiene todo el sentido del mundo: el hombre que captura el caos de la conexión humana en el cine encontró su propio ancla firme fuera de cámara.
Su vida doméstica es refrescantemente normal: llevar a los niños al colegio, ir al supermercado, las típicas rutinas. Dista mucho de los volátiles mundos que Anderson crea, y quizá esa sea la clave. Él vuelca toda esa intensidad en su arte, dejando espacio para una vida tranquila y privada junto a alguien que le hace reír.
Por qué sigue siendo relevante
En una era de saturación de franquicias, Paul Thomas Anderson nos recuerda que la narrativa original aún tiene un lugar. No hace una película cada año; cada una de ellas se siente como un acontecimiento. Aquí tienes un vistazo a lo que hace tan única su carrera:
- Colaboración sin miedo: Vuelve una y otra vez a los mismos actores (Daniel Day-Lewis, Joaquin Phoenix, Philip Seymour Hoffman) para sacar lo mejor de sus carreras.
- Poesía visual: Sus largos planos secuencia y su meticulosa composición (a menudo filmados por el gran Robert Elswit) convierten cada escena en un cuadro.
- Fusión de géneros: Desde el caos coral de Magnolia hasta la sátira del mundo de la moda en El hilo fantasma (Phantom Thread), se niega a ser encasillado.
Ya sea que hagas cola para un reestreno de The Master o que estés descubriendo Puro vicio (Inherent Vice) en una tarde lluviosa, la obra de Anderson siempre te recompensa. Y saber que detrás de esas películas oscuras y hermosas hay un tipo que vuelve a casa con una familia unida... bueno, eso añade otra capa más a la leyenda.