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Oscar 2026, la estatuilla y el muro: Motaz Malhees, el palestino que denunció a Estados Unidos

Espectáculos ✍️ Marco Ferreri 🕒 2026-03-14 23:20 🔥 Vistas: 1
Motaz Malhees, director de 'La voz de Hind Rajab'

Hay quienes sueñan toda una vida con tener una estatuilla, y quienes solo sueñan con poder cruzar una frontera. La noche de los Oscar 2026 nos lo recordó con una crueldad digna de un guion: mientras Oscar Isaac desfilaba por la alfombra roja con esa sonrisa de Gatsby moderno, al otro lado del mundo alguien veía la misma ceremonia en streaming, con el mal sabor de boca de una visa negada. Ese alguien se llama Motaz Malhees, y es el director de "La voz de Hind Rajab", el documental que debería haber hecho enfurecer a medio mundo.

Pero el mundo (el de los tacones de aguja y los diamantes) prefirió hacerse el desentendido. O mejor dicho, prefirió dejar entrar solo las sonrisas. La historia es simple: Malhees, un palestino que ya tenía un Premio Oscar en el bolsillo – su película estaba nominada – se vio con la puerta en las narices por parte de la Embajada estadounidense. ¿El motivo? "Problemas de seguridad", dicen. Pero si tu película cuenta la historia de una niña llamada Hind Rajab, desaparecida en un conflicto que no tiene nada de hollywoodense, quizás la seguridad sea la peor de las excusas.

Y mientras el buen Oscar Isaac – que, ojo, no tiene nada que ver – disfrutaba de los reflectores, el verdadero drama ocurría fuera del teatro. Porque Hollywood es muy dado a llorar las desgracias del mundo cuando están lejos, pero cuando el dolor toca a la puerta con una invitación en la mano, bueno, entonces es mejor no abrir.

Un silencio que pesa más que mil discursos

Lo que más desconcierta no es tanto la decisión del gobierno estadounidense – que en estos temas tiene las manos sucias desde hace décadas – sino el silencio de la Academia. Ninguna nota oficial, ninguna postura. Solo el vacío. Como si "La voz de Hind Rajab" fuera un título incómodo de pronunciar frente a los micrófonos. Y sin embargo, justo esa voz, la de una niña palestina, habría merecido resonar entre los candelabros del Dolby Theatre.

Esto es lo que nos deja esta edición 2026 de los Oscar:

  • Una estatuilla virtual para Motaz Malhees, por el valor de denunciar incluso cuando nadie te escucha.
  • El aroma de la hipocresía que emana de la alfombra roja, mientras los verdaderos protagonistas se quedan afuera.
  • La confirmación de que para ciertos directores, la visa de entrada a Estados Unidos es más difícil de obtener que un Oscar.

Al final, mientras las cámaras enfocaban a los ganadores y perdedores, una silla quedó vacía. La de Motaz Malhees. Y en ese vacío, todos nos vimos un poco reflejados. Porque a veces, la verdadera injusticia no es perder una estatuilla, sino que te nieguen el derecho a existir, a contar, a estar ahí. Y de eso, lamentablemente, no se habla lo suficiente.