Kraken: La pesadilla en Seattle no termina | Se hunden tras la derrota ante los Minnesota Wild
La cosa se pone fea para los Seattle Kraken. Muy fea. La noche del martes, el equipo volvió a demostrar que está metido en un pozo del que no encuentra salida. Enfrente estaban unos Minnesota Wild que aprovecharon cada error para seguir escalando en la clasificación, mientras que los Kraken sumaron una nueva derrota que sabe a condena. Ya van seis seguidas, y la afición del Climate Pledge Arena empieza a perder la paciencia.
El partido tuvo un momento que, para los seguidores de Seattle, fue como una puñalada con hielo. Marcus Johansson, veterano de mil batallas, se encargó de poner la puntilla con un tanto que significó su gol número 200 en la NHL. Un registro de locura para un jugador que ha pasado por lesiones y cambios de equipo, pero que anoche se vistió de héroe local. Los Wild celebraron el hito como si fuera una final, y los Kraken se quedaron mirando al vacío.
La reacción de Foligno y el sentir del vestuario
Después del encuentro, Marcus Foligno, alma de los Minnesota Wild, no escondió la satisfacción. Palabras más, palabras menos, dejó claro que sabían lo que se jugaban y que el equipo está creyendo en sí mismo. Eso es precisamente lo que le falta ahora mismo a los Seattle Kraken: fe. La defensa se resquebraja en los momentos clave, el ataque no termina de engrasarse y la mala fortuna parece haberse instalado en el vestuario como una sombra.
- El dato que duele: Seis derrotas consecutivas para los Kraken. La racha negativa más larga de la temporada.
- El héroe rival: Marcus Johansson llegó a los 200 goles. Un registro que pocos alcanzan en la liga.
- La sensación: El equipo de Seattle no encuentra respuestas. Cada partido es un calvario.
¿Qué le espera a los Kraken a partir de ahora? La temporada regular no da tregua, y si no reaccionan ya, el agujero será imposible de tapar. Los rumores en los pasillos apuntan a que la directiva podría mover ficha si esto sigue así, pero mientras tanto, la pelota está en el tejado de los jugadores. Necesitan un milagro, o al menos una chispa de orgullo, para frenar esta sangría. La afición, fiel como ella sola, merece ver a su equipo pelear hasta el final.