Loreen: “Me encanta el caldo” – sobre su nuevo álbum Wildfire y los planes secretos para sus fans en Suecia
Es una tarde tranquila en Estocolmo, pero Loreen no se está quieta ni un momento. Acaba de terminar un ensayo para las giras de verano y se lanza a la conversación con una energía que hace vibrar la sala. Pronto lanzará su álbum Wildfire, y si alguien creía que su trabajo anterior era intenso, es que aún no ha visto nada. Esto va de arder, de expandirse y, quizás lo más importante, de por fin poder darse el gusto de un buen caldo sin remordimientos.
“Me encanta el caldo. Es lo mío. La gente me pregunta por el lujo, y yo siempre digo: un caldo realmente bueno”, dice entre risas. Es este contraste tan terrenal lo que hace que siga cautivándonos por igual. Sobre el escenario es una criatura mitológica, pero en la vida real, la sencillez se impone. En Wildfire ha conseguido capturar ambos mundos. Es pista de baile, es catedral, y es una voz que se niega a transigir.
Secretos, fans suecos y esa conexión tan especial
Para quienes la seguimos desde el Melodifestivalen, no es ningún secreto que Loreen tiene un vínculo especial con el público sueco. Somos nosotros a quienes regresa después de sus giras por Europa, y es aquí donde siente que puede atreverse a experimentar. Según me han contado en su equipo, tiene algo extra preparado para nosotros. Aún no hay detalles, pero se trata de acercarse. De romper esa cuarta pared que a menudo existe entre una superestrella y el espectador.
“He planeado algo. Algo que sea auténtico. Porque los fans suecos son muy buenos viendo a través de uno, así que hay que darles la verdad”, dice de manera misteriosa, pero con un guiño que promete que será inolvidable. Esto me recuerda lo que un antiguo director de gira me dijo una vez: Loreen nunca está mejor que cuando puede estar cerca de quienes la escuchan.
Más que solo música: los nombres y las fuentes de inspiración
Cuando te sumerges en el mundo de Loreen, te das cuenta de que nada es casualidad. Ni siquiera el nombre. A veces la confunden con la icónica canadiense Loreena McKennitt, y no es del todo incorrecto. Hay el mismo trasfondo espiritual, la misma sensación de que la música es un portal. Pero Loreen (Loreen Bender, por si alguien se lo pregunta) siempre ha seguido su propio camino. A lo largo de los años ha hablado de su nombre completo, Inka Loreen Minden, y de cómo este lleva consigo una historia de viajes e identidades. Es como si toda su carrera artística fuera un largo puente entre lo personal y lo universal.
- Inspiración: Durante el proceso de composición ha escuchado mucho música de cine y folclore antiguo. El contraste entre lo grandioso y lo íntimo es más evidente que nunca.
- La voz: En una entrevista extensa desarrolló una reflexión que invita a pensar sobre por qué “canta de manera sensual”. No se trata de posar, sino de dejar que el cuerpo esté completamente presente. De que la voz provenga de un lugar más allá de la técnica.
- El equilibrio: Para mantenerlo todo a flote —la vida de gira, la presión y la enorme descarga emocional— jura por las flores de Bach. “Es como limpiar la casa por dentro. Hay que tener herramientas”, afirma.
De las agendas apretadas a la libertad
Se ha hablado mucho del perfeccionismo de Loreen, pero en Wildfire se percibe algo diferente. La soltura. Parece haber encontrado un nuevo nivel de control que, paradójicamente, le permite soltarlo. Durante las grabaciones, hubo momentos en los que dejaba que la cinta rodara y experimentaba con su voz de maneras que antes consideraba demasiado “pulidas”. El resultado es un disco que respira. Es pop, sí, pero también tiene algo más crudo.
Y pronto vuelve a casa. Para todos los que estábamos en el público cuando ganó Eurovisión, para los que la han seguido a lo largo de los años y para los que acaban de descubrirla. Yo diría esto: mantén los ojos bien abiertos. Esto no será un concierto cualquiera. Será una experiencia en la que Loreen —Inka Loreen Minden— demuestra exactamente por qué sigue siendo una de nuestras artistas más comentadas. Y quién sabe, quizás en el camerino nos invite a un caldo.