La plaza Gwanghwamun, "apertura al sector privado" tras 20 años: ¿Por qué fracasó la gobernanza?
En marzo de 2026, el corazón de Seúl, la plaza Gwanghwamun, ha vuelto a los ciudadanos tras completar una nueva y gran transformación. Aunque a simple vista pueda parecer una simple remodelación, esta reapertura esconde una historia mucho más compleja bajo la superficie. No se trata solo de cambiar bancos y jardines. Es el resultado de la solución que el Ayuntamiento de Seúl ha querido dar a la pregunta fundamental que ha surgido constantemente durante los últimos 20 años: ¿por qué fracasó la gobernanza?
Lo cierto es que, desde su origen, la plaza Gwanghwamun ha arrastrado el dilema de la "desconexión entre planificación y gestión". Aunque su simbolismo era grande, el plan sobre quién, cómo y para qué iba a responsabilizarse de este espacio siempre fue ambiguo. Los resultados fueron nefastos. Con cada gobierno de turno, la plaza Gwanghwamun se convirtió en un "escenario de performances" para exhibir su voluntad política, y los ciudadanos no eran más que comparsas en un enorme espectáculo político. No es casualidad que en una encuesta sobre el 'grado de satisfacción del uso de la plaza' publicada en enero por una organización ciudadana, la "disminución de la accesibilidad debido a concentraciones políticas" fuera señalada como el principal motivo de insatisfacción.
La plaza de los ciudadanos, ¿la plaza de quién?
La palabra clave de esta reapertura es, sin duda, la "reorganización completa de la gobernanza de la gestión". El Ayuntamiento de Seúl ha optado por una medida excepcional: abrir al sector privado gran parte de las competencias de planificación y gestión que hasta ahora monopolizaba el sector público. No se trata simplemente de aumentar las instalaciones comerciales. La idea es que una empresa gestora privada con experiencia planifique el espacio con una visión a largo plazo, llene de contenido y se encargue del mantenimiento integral. Esto no es más que un reconocimiento del fracaso que ha supuesto la lógica administrativa uniforme de "lo público" durante los últimos 20 años y una declaración de intenciones de recurrir a "manos privadas" más flexibles y creativas.
Aprendiendo de 20 años de fracaso: '¿Por qué fracasó la gobernanza?'
Hemos sido testigos de innumerables conflictos en torno a la plaza Gwanghwamun durante las dos últimas décadas. ¿Por qué se han repetido estas situaciones? Según mi análisis, las causas del fracaso se resumen en tres grandes puntos.
- Fracaso en la separación de propiedad y gestión: Por ser un espacio simbólico nacional, en la plaza Gwanghwamun confluían demasiados actores con intereses (Agencia Nacional de Policía, distrito de Jongno, Ayuntamiento de Seúl, etc.). Se producía la "tragedia de los bienes comunes" típica, donde nadie asumía la responsabilidad real.
- Falta de profesionalidad: Con el sistema de rotación de puestos de los funcionarios, era imposible establecer un plan maestro a largo plazo de 5 o 10 años. El valor primordial pasó a ser "cero accidentes" y "cero quejas", por encima de la experiencia cultural o artística.
- Instrumentalización política: Cada vez que cambiaba el gobierno, la remodelación de la plaza Gwanghwamun se presentaba como un proyecto nacional que reflejaba la "filosofía de gobierno". Desde las manifestaciones con velas de 2016 hasta el proceso de impeachment de 2024, la plaza osciló entre ser un espacio de resistencia ciudadana y un punto de encuentro de la derecha, lo que solo maximizó el "desgaste político".
En particular, el incidente a finales de 2024, cuando el presidente de la Asamblea Nacional, Woo Won-shik, intentó dar una rueda de prensa en la plaza Gwanghwamun y no pudo, es un claro ejemplo de lo absurdo de la situación que genera la falta de gobernanza. La "ocupación de la plaza" por ciertos grupos, desdibujando la línea entre lo legal y lo ilegal, neutralizó a la fuerza pública y, finalmente, la plaza se convirtió en un "espacio del que nadie podía disfrutar libremente". Este es precisamente el mayor dolor de cabeza para el Ayuntamiento de Seúl. Por muy buenas instalaciones que se tengan, el mayor desafío de este proyecto es cómo transformar esta "politicidad incontrolable" en una "cotidianidad" neutral.
La plaza Gwanghwamun desde la perspectiva empresarial
Ahora toca mirar esta historia no como un simple plan urbano, sino con ojos de "negocio". La entrada de un gestor privado significa que la plaza Gwanghwamun renace como un "activo que debe generar beneficios". Más allá del simple ahorro en costes de mantenimiento, el objetivo clave pasa a ser la creación de sinergias mediante la conexión con el comercio de la zona.
El sector ya está revolucionado por esta decisión. La zona de Gwanghwamun es el "centro de oficinas y cultura" de Seúl, con la presencia de Kyobo Book Centre, el Centro de Artes Escénicas Sejong y las sedes de numerosas grandes empresas. Si a esto se le suma un "espacio público premium" abierto 365 días al año, el efecto dominó no puede ser más que enorme. De hecho, circulan rumores de que las grandes marcas de lujo globales ya están compitiendo ferozmente por abrir flagships cerca de la plaza Gwanghwamun. Esto se debe a que el marketing que aprovecha el "simbolismo" y el "tráfico" de la plaza garantiza un enorme efecto publicitario por sí mismo.
El problema es cómo compaginar la "publicidad" y la "rentabilidad". Una comercialización excesiva provocaría críticas por dañar la "identidad de la plaza", mientras que una gestión demasiado conservadora se convertiría en un bumerán de "pérdidas" para el operador privado. El éxito en este delicado equilibrio dependerá en última instancia de la capacidad de la empresa gestora. Más allá de simplemente instalar cafeterías o tiendas pop-up, la clave será la capacidad de planificar tantos "contenidos atractivos" como sea posible, combinando la historia de Gwanghwamun con las tendencias modernas.
En definitiva, la transformación de la plaza Gwanghwamun tras 20 años no es una simple remodelación de un parque. Es un experimento para resolver la "gobernanza pública fallida" mediante la "lógica del mercado". Si este experimento tendrá éxito o si, por el contrario, conocerá otra forma de fracaso, lo dirán las expresiones de los ciudadanos que visiten la plaza dentro de uno, o incluso cinco años. Lo que está claro es que este torbellino de cambio en el centro de Seúl dibujará un nuevo mapa de oportunidades que irá más allá de la mera mejora estética urbana, abarcando desde el sector inmobiliario y la distribución hasta la industria de contenidos culturales. Y yo ya estoy atento para ver qué movimientos se detectan en ese mapa.