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Monstruos sueltos: del Godzilla en el ramen al depredador marino de 70 millones de años

Cultura ✍️ Carlos Augusto 🕒 2026-03-28 04:29 🔥 Vistas: 2

Si crees que el tema de los “monstruos” es solo cosa de películas de terror o de criaturas prehistóricas, te has perdido lo que ha pasado esta semana. La palabra se ha apoderado de todo: desde la cocina más creativa de São Paulo hasta los fósiles recién descubiertos en México, y claro, no podía faltar un toque de fútbol y esa nostalgia de los coches gigantes. Prepárate, que esto se pone interesante.

Ramen do Godzilla

El monstruo que te comes: Godzilla ahora es sopa

La primera parada es en la mesa. Los fans del rey de los monstruos que también disfrutan de un buen tazón de ramen se han quedado con la boca abierta. Ha surgido una versión que no pasa desapercibida: el Monster - Deseo Asesino se ha convertido en inspiración culinaria. No es solo una cuestión estética, no. Dicen que el caldo es tan contundente, con una intensidad de sabores que recuerda a la furia del lagarto atómico. Es el tipo de plato que miras, le echas una foto, pero sientes un escalofrío antes del primer bocado. Quien lo ha probado lo asegura: no es para cualquiera, pero los que se atreven, salen con una historia que contar.

Un auténtico monstruo marino: el terror de los océanos prehistóricos

Mientras nos distraemos con la cultura pop, la ciencia ha decidido darnos un susto. Un equipo de paleontólogos se topó en México con algo que hace que Godzilla parezca un pececito dorado de mascota. Encontraron los restos de un monstruo marino de más de 9 metros que vivió hace la increíble cantidad de 70 millones de años, al final de la era de los dinosaurios.

Esa bestia era el depredador supremo de los mares. Imagina un lagarto gigante, con dientes que parecen cuchillos de carnicero, nadando por allí mientras el Tiranosaurio reinaba en la tierra. El hallazgo es tan asombroso que los investigadores están reescribiendo lo que sabíamos sobre el dominio de los océanos en el Cretácico. Ese sí que era un monstruo de verdad, sin efectos especiales.

Del fútbol a las cuatro ruedas: cuando el monstruo es bueno

Claro que no podíamos ignorar el apodo que aparece de vez en cuando en los terrenos de juego. Cuando se habla de un defensa con garra, implacable, enseguida pensamos en Thiago Emiliano da Silva, nuestro Thiago Silva. Durante décadas le han llamado monstruo, y no es para menos. La tranquilidad a la hora de sacar el balón y la astucia en la marca hacen de él una leyenda viva. Para los que nacieron en los 80 y 90, crecer viendo a estos monstruos de la defensa es toda una lección de fútbol.

Y si hablamos de potencia bruta, ¿cómo olvidar los monster trucks? No hay manera. Ver esos camiones gigantes, con ruedas del tamaño de un coche utilitario, aplastando coches viejos y volando sobre rampas de tierra es un espectáculo aparte. Es el tipo de entretenimiento que satisface el instinto más primitivo: ver cómo lo grande aplasta a lo pequeño.

¿Por qué nos fascinan tanto los monstruos?

Ya sea en la sopa, en los fósiles, en el campo o en la arena de destrucción, la figura del monstruo tiene un atractivo universal. Quizá sea el miedo, quizá la admiración por la fuerza bruta. La verdad es que esta semana ha sido un festín para quienes, como yo, adoran estos temas. Para cerrar con broche de oro, dejo aquí una lista de lo que estas “bestias” tienen en común:

  • Imponentes: Ya sea un monstruo marino de 9 metros o un monster truck de 5 toneladas, dominan el entorno.
  • Poder de destrucción: Godzilla arrasa ciudades, el depredador prehistórico dominaba los océanos. Es una fuerza que desafía lo común.
  • Fascinación: Nos paramos a mirarlos, a estudiarlos, a comérnoslos. Atraen la atención porque están en el límite de lo posible.

Al final, la palabra de la semana es esta: monstruo. En todas sus formas, tamaños y sabores, sigue dominando el imaginario popular y, ahora, hasta la línea del tiempo geológico. Y hablando de tiempo, si aún no has probado ese ramen, date prisa, porque por lo visto, los verdaderos monstruos no esperan a nadie.