Tel Aviv en la encrucijada: Cómo el fútbol, el baloncesto y la universidad mantienen la ciudad en movimiento
Es lunes 2 de marzo de 2026. Mientras aquí, en casa, seguimos con atención las reuniones diplomáticas de crisis y el nivel de amenaza tras los sucesos del fin de semana, la realidad en Tel Aviv es mucho más matizada. Para quienes llevamos décadas siguiendo esta región, lo que más sorprende son precisamente los contrastes: la ciudad respira, vive y actúa con una intensidad que desafía todas las alertas de peligro. Es esta dualidad la que convierte a Tel Aviv en un caso de estudio fascinante, ya seas inversor, aficionado al fútbol o investigador.
Espíritu de lucha azul y amarillo en medio de la alerta roja
En el estadio Bloomfield, que comparten los dos grandes orgullos de la ciudad, se nota inmediatamente la temperatura geopolítica. El Maccabi Tel Aviv FC disputó hace unos días su último partido en casa, y el ambiente era eléctrico, no solo por la lucha por los puntos. Varias fuentes con las que hablé después del partido lo describieron como un punto de encuentro, una forma de demostrar que la rutina continúa. El rival, el Hapoel Tel-Aviv, también tiene sus seguidores más fieles, conocidos por su perfil izquierdista y su compromiso con la comunidad local. En una época en la que las divisiones nacionales se acentúan, estos derbis locales se convierten en una válvula de escape y un recordatorio de que la identidad no solo tiene que ver con líneas de conflicto, sino también con la comunidad y la pasión. Para los clubes, esto implica mayores costes de seguridad, pero también una enorme oportunidad comercial: el compromiso del público alcanza su punto máximo cuando el mundo exterior parece inestable.
La misma imagen se dibuja en el pabellón de baloncesto. El Hapoel Tel Aviv B.C. ha tenido una fuerte temporada en la liga israelí, atrayendo a talentos que ven oportunidades donde otros ven riesgos. Un agente con varios jugadores europeos en la liga no ocultó que las cláusulas sobre seguridad y seguros son ahora tan importantes como las negociaciones salariales. Sin embargo, el interés por jugar en Tel Aviv sigue siendo grande: la ciudad ofrece una vida nocturna vibrante y un ambiente internacional que compensa la impredecible situación de seguridad. Para patrocinadores y medios de comunicación, esto significa que los productos 'Maccabi' y 'Hapoel' son más valiosos que nunca; no solo venden deporte, venden una narrativa de resiliencia.
El conocimiento como recurso sin fronteras
A pocos kilómetros de Bloomfield se encuentra la Universidad de Tel Aviv, una de las principales instituciones de investigación de Israel. El campus en Ramat Aviv aparece como un oasis verde, pero también aquí se notan las sacudidas. La universidad ha sido durante mucho tiempo un imán para estudiantes internacionales, incluyendo muchos de los países nórdicos. Este año vemos un aumento significativo en las solicitudes de jóvenes que desean especializarse en resolución de conflictos, alta tecnología y medicina, áreas en las que Tel Aviv realmente se destaca a nivel mundial.
La administración trabaja ahora a contrarreloj para adaptarse a una realidad donde las conferencias pueden ser repentinamente reemplazadas por reuniones en línea, y donde la colaboración en investigación con socios en el extranjero debe sopesar la necesidad de presencia física frente al riesgo de seguridad. Lo interesante es que muchas de las soluciones tecnológicas que se desarrollan precisamente aquí, en ciberdefensa, cirugía remota e inteligencia artificial, se vuelven aún más relevantes en tiempos de crisis. Para los inversores y empresas tecnológicas noruegas, la Universidad de Tel Aviv no es solo una institución académica, sino un socio estratégico. Me imagino que varios entornos de capital riesgo noruegos aumentarán su presencia en la ciudad durante el próximo año, precisamente porque el conocimiento que se desarrolla aquí tiene una aplicación única en un mundo incierto.
Oportunidades de negocio a la sombra del conflicto
Como analista, es tentador detenerse en las consecuencias macroeconómicas de lo que está sucediendo. Hemos visto patrones similares antes: pánico inmediato en el mercado de valores, seguido de una rápida adaptación. Lo que diferencia la situación actual es que el tejido empresarial de Tel Aviv ha desarrollado una resiliencia notable. La escena emprendedora de la ciudad, a menudo denominada 'Silicon Wadi', sigue atrayendo capital a pesar de, o quizás debido a, la amenaza constante. Las inversiones ahora se dirigen especialmente hacia:
- Tecnología de seguridad: Sistemas de vigilancia, ciberdefensa y soluciones de emergencia para la población civil.
- AgriTech y gestión del agua: Tecnologías que aseguran el suministro de alimentos y agua en una región marcada por la incertidumbre.
- Salud digital: Soluciones para tratamiento remoto y gestión de crisis, desarrolladas en colaboración con la Universidad de Tel Aviv y los hospitales de la zona.
Para las empresas noruegas que miran cada vez más hacia nuevos mercados, Tel Aviv es una puerta de entrada. No solo a Israel, sino a toda la región. Los grandes actores del transporte marítimo, la energía y las finanzas ya se han establecido aquí. Lo que me sorprende es que varias empresas noruegas de tamaño mediano aún no han descubierto el potencial. En un momento en que el fondo petrolero y otros inversores institucionales claman por proyectos sostenibles e innovadores, Tel Aviv es la mina de oro que se encuentra en el ojo del huracán.
He estado en reuniones tanto con directivos del Maccabi como con investigadores universitarios en la última semana. Lo común en todos ellos es una calma casi estoica, la convicción de que el trabajo que realizan es más importante que el ruido exterior. Es esta actitud la que convierte a Tel Aviv en algo más que una ciudad en el mapa. Es un recordatorio de que el valor económico y la creatividad humana prosperan mejor donde son desafiados. Para quienes debemos navegar en este panorama, ya sea como inversores, entusiastas del deporte o académicos, se trata de entender que riesgo y oportunidad son dos caras de la misma moneda. Y justo ahora, a principios de marzo de 2026, la moneda está en constante movimiento.