La gran prueba de la pensión de Arne para Mette: El PSOE danés bajo una presión enorme antes de un anuncio decisivo
No es ningún secreto que en estos momentos bulle un conflicto de considerables dimensiones en el seno de los Socialdemócratas. Mette Frederiksen va al volante, pero nota claramente que los pasajeros del asiento trasero – las llamadas bases del partido – están hartos de titubeos. En el centro de este creciente malestar se encuentra nada menos que la sagrada vaca sagrada de la pensión de Arne, el programa que debía ser la joya de la corona del perfil socialdemócrata.
Durante semanas, los rumores han circulado por Christiansborg, y la presión sobre la primera ministra se ha vuelto palpable. Especialmente después de que compañeros de partido hayan planteado en privado ideas que hace solo un año habrían sido tabú. La cuestión ya no es si se deben modificar las reglas, sino cómo venderlo a los votantes sin que le estalle en la cara a todo el partido.
Se acerca un cambio sustancial
Varias fuentes cercanas a las negociaciones confirman que internamente hay respaldo en el partido para un cambio de rumbo. No se trata de eliminar el derecho a la jubilación anticipada, sino de endurecer significativamente los requisitos de acceso. Desde hace tiempo, muchos en la cúpula del partido consideran que el programa, en su forma actual, es demasiado caro y beneficia a un espectro demasiado amplio. La conversación sincera que ahora mantienen internamente gira en torno a que la pensión de Arne original fue una solución de emergencia necesaria en su momento, y que ahora es el momento de una versión más responsable.
Según me cuentan varias fuentes bien situadas, se está estudiando un modelo que aún garantice un final de carrera digno a los trabajadores más desgastados, pero que al mismo tiempo reduzca los años de cotización exigidos. Este tipo de ajustes harán que los sindicatos, que hasta ahora han defendido el programa con uñas y dientes, cambien su tono.
Por qué Mette se ve forzada a actuar ahora
La gran pregunta, por supuesto, es por qué lo hace. ¿Por qué avivar el fuego justo en vísperas de una campaña electoral? La respuesta es tan simple como brutal: Las cuentas no cuadran y los votantes son conscientes de que se necesitan reformas. Al mismo tiempo, los partidos de la oposición llevan tiempo machacando con que la pensión de Arne es una factura descomunal que deja abandonados a los jóvenes y a las generaciones futuras.
Pero ha sido sobre todo la presión de los suyos lo que ha llevado a Mette a actuar. Varios alcaldes y diputados socialdemócratas han presionado en privado, advirtiendo de que el partido no puede presentarse a las elecciones prometiendo mantener el statu quo. Han visto las encuestas, que muestran una caída en la confianza hacia la gestión económica de los socialdemócratas. Por eso, el anuncio de hoy (o más bien, del jueves) es tan crucial. Será su as en la manga, la oportunidad de recuperar la iniciativa.
Qué cambiará con certeza:
- El periodo de cotización: Probablemente se exija haber estado más años en el mercado laboral antes de poder jubilarse. Esto afectará especialmente a quienes empezaron a trabajar tarde o tuvieron periodos de desempleo.
- El público objetivo: El foco se desplaza de "todos" a aquellos con las trayectorias laborales más largas y desgastantes. Enfermeras, auxiliares de enfermería y obreros de la construcción seguirán siendo el núcleo, mientras que otros grupos podrían quedar excluidos.
- La financiación: Habrá que encontrar dinero de otra parte para que el ahorro sea real. Podría ser subiendo los impuestos a los más ricos o recortando en otras partidas. Este punto será el gran campo de batalla político.
Será interesante ver si Mette Frederiksen logra sortear este aprieto con elegancia. Ha demostrado una y otra vez ser una maestra comunicando mensajes difíciles. La cuestión es si los votantes – y no menos importante, los famosos 'Arnes' de a pie – están preparados para escuchar que la fiesta se ha acabado y que ahora toca limpiar. Os garantizo que yo estaré pegado a la pantalla el jueves, cuando por fin respire hondo y muestre sus cartas.