Bill Clinton bajo la lupa: Lo que el interrogatorio de Epstein revela sobre el poder, las redes y la nueva realidad política
Las nueve horas de vídeo publicadas este fin de semana por el Congreso son más que una simple demostración de poder político. Para quienes hemos seguido la política estadounidense durante décadas, es una visión poco común del engranaje que se pone en marcha cuando el Estado decide poner contra las cuerdas a un expresidente. Bill Clinton ya no es solo un estadista mayor con su Clinton Foundation y un montón de discursos en la maleta. Vuelve a ser el protagonista de un drama político con potencial para cambiar la narrativa en torno al caso Epstein.
La sombra del 'impeachment' y la defensa de Clinton
Retrocedamos un paso. Todo empezó como una clásica disputa política. Los republicanos del Comité de Supervisión de la Cámara, liderados por James Comer, citaron a Bill Clinton. Al principio se negó, y por un momento se olía un juicio político en el aire. Pero Bill Clinton es un veterano. Sabe que ser declarado en desacato al Congreso es un mal negocio, incluso para alguien que ya ha pasado por un proceso de destitución antes. Así que se presentó en Chappaqua, Nueva York, el 27 de febrero, y allí estuvo durante horas respondiendo preguntas sobre Epstein, sobre los vuelos, sobre lo que sabía.
Dejó clara una cosa: No sabía nada de los crímenes. Admitió la amistad y la colaboración, especialmente para la Clinton Foundation a principios de los 2000, y confirmó que voló con Epstein, algo que durante mucho tiempo se sabía en círculos cerrados. Pero negó haber estado en la isla de Epstein y negó haber visto nada ilegal. Su línea de defensa fue la clásica de Clinton: "Estuve allí, pero no vi nada, y rompí el contacto mucho antes de que se descubriera qué clase de monstruo era".
"The Clinton Affair": más que solo política
Lo que hace que esto sea más que una aburrida comparecencia son los detalles visuales que ahora han salido a la luz. Hablamos de imágenes que han estado en archivos durante años, pero que ahora forman parte del expediente probatorio oficial. Una de las secuencias más comentadas fue una foto de un jacuzzi, tomada en un momento en que Bill Clinton visitaba a Epstein. Según mis fuentes en Washington, la sala se quedó helada cuando se mostró esta imagen.
- La foto del jacuzzi: La imagen muestra a Bill Clinton en un jacuzzi con una mujer joven, parcialmente censurada. Su respuesta fue que no recordaba la situación específica y que nunca tuvo una relación inapropiada con ella.
- Las 17 visitas de Epstein a la Casa Blanca: No pudo más que confirmar lo que durante mucho tiempo se ha sabido en círculos de inteligencia: que Epstein visitó la Casa Blanca nada menos que 17 veces durante su mandato. Es difícil argumentar que esto fueron solo conocidos superficiales.
- 27 vuelos: El número de viajes en el avión de Epstein, a menudo llamado "Lolita Express", también fue un hecho que se presentó en la sala. Insistió en que esos viajes fueron exclusivamente para trabajo humanitario y recaudación de fondos para la fundación.
No hay pruebas de que Bill Clinton cometiera ningún acto delictivo, hay que decirlo. Pero la red, la relación de confianza y la cantidad de tiempo pasado con un abusador convicto son incómodos. Y para un hombre que sobrevivió a un juicio político en los años 90, esto es un incómodo eco del pasado.
La doble moral y el as bajo la manga de Trump
Aquí es donde entra la estrategia sucia. Los demócratas, que estaban en el interrogatorio, aprovecharon la oportunidad para darle la vuelta a la situación. Exigieron que Donald Trump también testificara. Y tienen un punto. El propio Trump afirmó que rompió con Epstein por razones morales hace mucho tiempo. Pero Bill Clinton testificó que Trump le dijo que la ruptura se debió a una disputa inmobiliaria, no a la moral. Este fue un regalo político que se filtró de la sala en cuestión de horas. Socava la propia narrativa de Trump y pone el foco en que ambos bandos han tenido vínculos estrechos con el financiero.
Toda la comparecencia se siente como un juego de suma cero en el que nadie gana, pero todos sangran. Hillary Clinton, que testificó el día anterior, casi sale indignada después de que un miembro del comité filtrara una foto de la sesión a puerta cerrada. Lo calificó de "comportamiento típico" y de "teatro político", y tiene razón. Es una forma circense de llevar a cabo una investigación, pero también revela la profunda desconfianza en Washington.
¿Qué significa esto para la élite empresarial?
Para quienes analizamos los mercados y el poder, hay algo que está claro: Las redes de contactos ya no son un recurso inocente. En 2026, las asociaciones son un compromiso. Bill Clinton construyó su vida post-presidencial sobre su red: conferencias, fundaciones, contactos. Pero el caso Epstein ha hecho que cada conexión, cada vuelo y cada reunión sean escudriñados. Esto genera una enorme incertidumbre para los actores con grandes recursos económicos que tradicionalmente han buscado cercanía al poder. ¿Quién querrá asociarse con quién?
Ya vislumbramos los contornos de una nueva era en la que la "diligencia debida" no solo implica revisar las cuentas, sino también indagar en viejas listas de pasajeros y fotografías. Este es un proceso costoso y que requiere mucho tiempo, pero es absolutamente necesario. Las empresas y fundaciones que no lo tomen en serio corren el riesgo de ser puestas en el punto de mira.
Al final, el interrogatorio de Bill Clinton trata sobre algo más que el pasado de un hombre de 79 años. Se trata de si la élite de poder estadounidense puede seguir operando con una ley para ellos y otra para el resto. Y, por ahora, parece que el fondo aún está lejos de alcanzarse.
Lo único seguro es que este caso seguirá apareciendo en las noticias, como un bumerán político, justo cuando menos te lo esperas.